El Papa ha dedicado su homilía al pasaje evangélico de Marta y María, «dos dimensiones gemelas de la acogida»
León XIV ha dedicado la mañana del domingo a una profunda reflexión sobre la hospitalidad, la escucha y el servicio, comenzando con una emotiva Eucaristía en la Catedral de San Pancracio, en Albano, y concluyendo con el tradicional rezo del Ángelus en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo. Ha sido un día de encuentro con los fieles, de intensa enseñanza y apremiante llamada a la paz en un contexto internacional convulso.
Al inicio de la mañana, el Pontífice ha expresado su gran alegría por celebrar la Eucaristía dominical en la Catedral de San Pancracio de Albano. La liturgia del día, con las figuras bíblicas de Abraham y de Marta y María, ha servido de base para su homilía, centrada en los temas de la hospitalidad, el servicio y la escucha.
El Santo Padre, de esta manera, ha resaltado la historia de Abraham, quien, sentado a la entrada de su carpa en la hora más calurosa del día, reconoce la presencia de Dios en tres desconocidos. Se pone en pie, corre a su encuentro, se inclina hasta el suelo y les ruega que se detengan, ofreciéndoles comida, compañía y la sombra de un árbol. A cambio, Abraham y Sara reciben la promesa de una nueva vida y descendencia, un anuncio de fecundidad que ya habían dejado de esperar.
Posteriormente, el Santo Padre ha aludido al pasaje evangélico de Marta y María, donde Jesús se presenta como huésped en casa de sus amigos. Marta le acoge con múltiples atenciones, mientras María se sienta a sus pies para escucharle, adoptando la postura de un discípulo. Frente a las quejas de Marta, Jesús la invita a apreciar el valor de la escucha. El Papa ha aclarado que no se deben ver estas actitudes como opuestas, sino como «dos dimensiones gemelas de la acogida», el servicio y la escucha.
Así, León XIV ha enfatizado la importancia de recuperar el silencio y la meditación de la Palabra de Dios en la vida cristiana, reservando momentos para acallar ruidos y distracciones y lograr la unidad interior. Ha subrayado que el tiempo de verano puede ser providencial para experimentar la intimidad con Dios y ser más acogedores con los demás. Además, ha animado a los fieles a aprovechar el tiempo libre para el recogimiento, el encuentro con otros y el intercambio de experiencias e ideas, fomentando una cultura de paz y comunión.
En este sentido, León XIV ha citado unas palabras de Francisco en 2019: «Si queremos disfrutar de la vida con alegría, debemos aunar estas dos actitudes: por un lado, “estar a los pies” de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de cada cosa; por otro, ser diligentes y estar listos para la hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro de un amigo que necesita un momento de descanso y fraternidad».
El Santo Padre ha reconocido, a continuación, que tanto el servicio como la escucha no siempre son fáciles, pues requieren «tenacidad y capacidad de renuncia». Ha afirmado que es con estos esfuerzos como se puede construir algo bueno en la vida y como pueden nacer y crecer relaciones auténticas y fuertes. Finalmente, ha recordado las palabras de san Agustín sobre Marta y María, que figuran dos vidas, «la presente y la futura; una laboriosa y otra descansada; una calamitosa y otra dichosa; una temporal y otra eterna», y ha destacado que «al descanso no se llega sino a través de la fatiga». El Papa ha concluido su homilía instando a conciliar contemplación y acción, descanso y fatiga, silencio y laboriosidad, siempre con la medida de la caridad de Jesús.
Al término de la Santa Misa, el Papa ha entregado una casulla como regalo a monseñor Vincenzo Viva, obispo de la diócesis.
Posteriormente, el Santo Padre ha presidido el rezo del Ángelus desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo, saludando a los presentes con un efusivo «¡feliz domingo!». Recordando la Palabra del día, León XIV ha destacado la sugerencia del término italiano huésped, que se refiere tanto al que acoge como al que es acogido, invitando a la contemplación de esta «acogida recíproca».
El Pontífice ha subrayado que la humildad es esencial tanto para acoger como para ser acogido, requiriendo delicadeza, atención y apertura. Ha advertido que Marta, absorta en sus tareas de acogida, corre el riesgo de no entrar plenamente en la alegría del encuentro, mientras María sí sabe aprovechar la oportunidad de la escucha. Jesús contraría a Marta porque se queda fuera de una intimidad que también a ella le habría dado una gran alegría. El Papa ha sugerido que el tiempo de verano puede ayudar a «bajar el ritmo» y a parecernos más a María que a Marta, gozando del descanso y aprendiendo el arte de la hospitalidad. Y ha añadido que «todo encuentro verdadero no se puede comprar, es gratuito», ya sea con Dios, con los demás o con la naturaleza. Simplemente se necesita «hacerse huésped: hacer espacio y también pedirlo; acoger y dejarse acoger».
En otro orden de cosas, y con un tono de profunda preocupación, el Santo Padre ha abordado las «noticias dramáticas» que siguen llegando de Oriente Medio, particularmente de Gaza. Ha expresado su «profundo pesar por el ataque del ejército israelí contra la parroquia católica de la Sagrada Familia», que ha causado la muerte de tres cristianos y heridas graves a otros. Ha rezado por las víctimas, Saad Issa Kostandi Salameh, Foumia Issa Latif Ayyad y Najwa Ibrahim Latif Abu Daoud, y ha expresado su cercanía a sus familias y feligreses, condenando los continuos ataques militares contra la población civil y los lugares de culto.
Así las cosas, el Papa ha lanzado un enérgico llamamiento a la comunidad internacional, pidiendo «el fin inmediato de la barbarie de la guerra» y una resolución pacífica del conflicto. Ha apelado al respeto del derecho humanitario, la protección de civiles, la prohibición de castigos colectivos, el uso indiscriminado de la fuerza y el desplazamiento forzado de la población, asegurando a los cristianos de Oriente Medio que comparten su sentimiento de impotencia que están en su corazón y en el de toda la Iglesia, y agradeciéndoles su testimonio de fe, encomendándolos a la Virgen María.








