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El Papa recibe a los atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de invierno, ejemplos de cómo «el límite puede convertirse en un lugar de revelación»

Para León XIV, el valor de la cita en la que han participado estos deportistas reside en haber difundido al mundo «un noble mensaje humano, cultural y espiritual»

El papa León XIV ha mantenido este jueves un encuentro de hondo calado humano y espiritual en la Sala Clementina, donde ha recibido a los atletas italianos que han participado en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. El Pontífice, en un discurso que ha trascendido deliberadamente el juego reglado, ha presentado el deporte no como una simple exhibición de capacidades físicas, sino como una herramienta de paz y un camino de perfeccionamiento interior en un mundo fracturado por los conflictos.

Para León XIV, el valor de la cita olímpica en la que han participado estos atletas reside en haber difundido al mundo «un noble mensaje humano, cultural y espiritual». El Papa ha subrayado que, cuando se vive con autenticidad, la actividad deportiva es «una forma de lenguaje, una historia hecha de gestos, de esfuerzo, de expectativas, de caídas y de nuevos comienzos». En este sentido, ha destacado que lo presenciado en Milán-Cortina no han sido solo cuerpos moviéndose, sino auténticas «biografías que inspiran a muchísimas personas», cargadas de sacrificio y disciplina.

El Santo Padre ha puesto, así las cosas, especial énfasis en la dimensión de los Juegos Paralímpicos. Según el Pontífice, en estas competiciones se observa cómo «el límite puede convertirse en un lugar de revelación», logrando que aquello que parece un obstáculo se transforme e incluso se «transfigure en cualidades renovadas».

El mensaje papal ha profundizado, de este modo, en la pedagogía del deporte, calificándolo como una «escuela de vida y de talento». Según León XIV, la práctica deportiva exige una «espiritualidad firme» y permite al ser humano conocer su cuerpo «sin idolatrarlo», además de enseñar a «competir sin perder el sentido de la fraternidad» y a «aceptar la derrota sin desesperación y la victoria sin arrogancia».

El Pontífice ha vinculado esta visión con su reciente carta del 6 de febrero de 2026, titulada La vida en abundancia, recordando que el éxito real no se encuentra en las medallas: «El verdadero éxito se mide por la calidad de las relaciones: no por la cantidad de premios, sino por el aprecio mutuo». En esta armonía entre corporeidad e interioridad es donde reside, según León XIV, el sentido evangélico de una vida plena.

En el actual contexto geopolítico, marcado por la polarización y la guerra, León XIV ha reivindicado el valor de la «tregua olímpica». Instando a los atletas a ser una «profecía nada retórica» de paz, ha afirmado que es posible «romper la lógica de la violencia para promover la del encuentro». El deporte, a este respecto, debe ser un espacio donde la diversidad se perciba como una riqueza y no como una amenaza, convirtiéndose en un «laboratorio de humanidad reconciliada».

Sin embargo, el Papa no ha querido obviar los peligros que acechan al espíritu deportivo y ha advertido contra tres derivas principales: el rendimiento a cualquier precio, que deriva en el dopaje; el lucro desmedido, que «transforma el juego en mercado y al deportista, en un divo»; y la espectacularización, que reduce al ser humano a «una imagen o a un número».

Frente a la «cruz de los deportistas», presente en la sala, León XIV ha recordado que el deporte también es un espacio donde se comparten «temores y sufrimientos». Y al concluir, ha encomendado a los atletas la misión de «seguir velando por que la persona permanezca en el centro del deporte en todas sus expresiones». Por último, ha vinculado el cuidado del deporte con la protección del medio ambiente, recordando que los Juegos de invierno subrayan el deber de «cuidar la casa común» en una época de desafíos climáticos. Con su bendición, el Papa ha despedido a la delegación italiana, instándoles a seguir demostrando que se puede «ganar sin humillar» y «perder sin perderse a uno mismo».

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