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León XIV reivindica la unión entre Palabra y Eucaristía de la ‘Sacrosanctum Concilium’: «Sed lo que veis y recibid lo que sois»

En su catequesis de profundización sobre los documentos del Concilio Vaticano II, el Papa ha subrayado que el «amén» del fiel es un compromiso de vida que certifica su pertenencia al Cuerpo místico de Cristo

El papa León XIV ha presidido una nueva Audiencia General en la Santa Sede, durante la cual ha continuado su ciclo de catequesis de profundización en los documentos del Concilio Vaticano II. En esta ocasión, el centro de su reflexión ha sido la constitución apostólica Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, desgranando el misterio de la Eucaristía como corazón de la Iglesia.

El Pontífice ha comenzado situando a los fieles ante la grandeza del Concilio, recordando que la liturgia no es un rito externo, sino el encuentro vivo con Cristo. Para iluminar esta realidad, ha rescatado un pasaje fundamental de san Pablo, que resuena con fuerza en la tradición eclesial: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros, cada uno por su parte». Con esta base bíblica, el Papa ha introducido a los fieles en la mística de la identidad cristiana.

A continuación, y recurriendo a la herencia de san Agustín, el Sucesor de Pedro ha explicado la forma como el obispo de Hipona enseñaba a los recién bautizados a comprender el don que recibían en el altar. León XIV ha citado con énfasis las palabras del santo: «Recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis». Con este recordatorio, el Papa ha querido subrayar que el «amén» del fiel es un compromiso de vida que certifica su pertenencia al Cuerpo místico de Cristo.

La catequesis ha alcanzado un momento de especial intensidad cuando el Santo Padre ha interpelado a los presentes sobre la veracidad de su fe. «Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad», ha exhortado, antes de pronunciar la máxima que ha centrado el encuentro de hoy: «Sed lo que veis y recibid lo que sois». Esta llamada a la coherencia busca que la vida del creyente se transforme en aquello que contempla y consume en el altar.

Profundizando en la naturaleza del sacramento, el Papa ha definido la Eucaristía como el «sacramento del Reino que viene» y, de manera muy cercana, como el «pan del camino» que sostiene a la Iglesia en su peregrinación hacia la Patria celeste. Este sustento, ha afirmado, es el que permite que «Dios sea todo en todo» en la vida de cada hombre y mujer que se acerca con fe a la mesa del Señor.

Sobre la participación de los fieles en la Santa Misa, León XIV ha recordado que la asamblea no es un público pasivo, sino que, según la Sacrosanctum Concilium, ofrece el Sacrificio «no solo por manos del sacerdote, sino juntamente con él». El objetivo es que los cristianos no asistan como extraños o mudos, sino que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios».

En este sentido, la Eucaristía se presenta como la forma suprema del sacrificio espiritual del cristiano, un camino de unión con la divinidad y de fraternidad con el prójimo. El Papa ha insistido en que, al participar en el misterio, los fieles deben buscar que «se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos».

Así las cosas, León XIV tampoco ha querido olvidar la dimensión social del sacramento, presentándolo como un escudo ante las fracturas de la humanidad. El don gratuito de sí mismo que Cristo enseña en la cruz y perpetúa en el altar es, según el Pontífice, un «poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón». La caridad eucarística se convierte, así, en la fuerza que puede sanar las heridas de la discordia.

Y uno de los pilares de la catequesis ha sido la defensa de la unidad litúrgica. Sobre este particular, el Papa ha sido tajante al recordar que la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística «están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto». No se puede entender una sin la otra, pues ambas mesas, la del Pan y la de la Palabra, alimentan al hombre en su totalidad, sacándolo de la «decadencia del pecado» para llevarlo a la «vida nueva en Cristo».

Citando a Benedicto XVI, el Santo Padre ha explicado la retroalimentación vital entre las Escrituras y el sacramento: «La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico». Con esta precisión, ha instado a los fieles a no buscar solo un «saber intelectual», sino a recibir una Palabra «viva y eficaz».

En este contexto, el Papa ha valorado la reforma litúrgica impulsada por el Concilio para que «ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura». Este esfuerzo se traduce en el Leccionario, un tesoro que combina la «sana tradición» con el «camino a un progreso legítimo».

Finalmente, León XIV ha recordado que este memorial fue confiado por Cristo a su esposa, la Iglesia, como un regalo perpetuo de su victoria sobre la muerte. Y para describirlo, ha utilizado la solemne definición conciliar: «Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera».

El Pontífice ha cerrado su intervención con una invitación a la renovación espiritual, pidiendo a los peregrinos que no vean la liturgia como algo del pasado, sino como una «fuente de vida divina».

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