En la Basílica de San Pedro, el Papa señala la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos como las dos verdades que sostienen la oración por los difuntos
El papa León XIV ha presidido este jueves, 5 de noviembre, en la Basílica de San Pedro la misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año, en la que ha invitado a vivir el recuerdo de los difuntos desde la fe y no como «mera nostalgia». En su homilía, el Pontífice ha pedido «rezar al Señor para pedirle que recompense a sus siervos fieles» y ha explicado que la oración por los muertos se apoya en dos verdades, la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos.
El Papa ha partido de las palabras de Jesús en el Evangelio de san Juan, «el que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor», para recordar que a lo largo del camino de la fe, en el que no faltan pruebas y sufrimientos, sostiene al creyente la promesa de «una comunión en la que la muerte no tiene poder». En ese sentido, ha afirmado que «quien sigue a Cristo se convierte en su servidor y estará siempre allí donde Él esté, precisamente porque ha seguido su camino».
León XIV ha evocado también a santa Mónica, que poco antes de morir pidió a sus hijos Agustín y Navigio que se acordaran de ella ante el altar, según relata san Agustín en las Confesiones. Con ese ejemplo, el Papa ha subrayado el valor espiritual del recuerdo y ha vinculado el misterio de la muerte a la oración por los difuntos, una práctica que la Iglesia, «desde sus orígenes, siempre ha practicado como uno de sus deberes fundamentales».
La esperanza en la resurrección
Para hablar de la resurrección, el Pontífice se ha detenido en la primera lectura, tomada del segundo libro de los Macabeos, en la que Judas Macabeo manda ofrecer un sacrificio expiatorio por unos compañeros caídos en batalla que habían incurrido en idolatría. Según ha explicado, aquel gesto es una anticipación de lo que encuentra plenitud en la liturgia cristiana, ya que recordar a los difuntos en el altar se basa «en la promesa de que nuestra vida, en Cristo, no se pierde, porque ha sido redimida».
El Papa ha insistido en que, como subraya la Escritura, sin la resurrección sería vano rezar por los muertos, y ha añadido que «rezar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida», empezando por la vida resucitada de Cristo. Por eso ha pedido no dejar que el recuerdo de quienes han muerto se quede en la añoranza y meditar en la fe sobre el misterio de la muerte «sin miedo, porque el Señor está vivo, nos espera y ya ha preparado un lugar para nosotros en la casa de su Padre».
La comunión de los santos
La segunda verdad que ha señalado León XIV es la comunión de los santos, que la Iglesia celebra como un acto de confianza y de esperanza. «Cuando oramos por los difuntos, lo hacemos no solo por ellos, sino también con ellos», ha afirmado el Papa, que ha descrito a la Iglesia como un misterio de comunión entre Cristo y sus miembros que une a quienes ya contemplan el rostro de Dios y a todos los que aún están en camino.
El Pontífice ha concluido recordando que «en Cristo la muerte no deshace los vínculos, sino que los transfigura en una nueva dimensión», y ha exhortado a custodiar esa comunión a través de la Eucaristía para que, cuando llegue la propia hora, cada uno pueda también recibir el sufragio de quienes siguen peregrinando en la tierra.




