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León XIV, sobre la Lumen gentium: «La Iglesia es el fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo»

Durante la audiencia general de los miércoles, el Papa ha continuado con su nuevo ciclo de reflexiones dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II

El papa León XIV ha proseguido este miércoles —tras el parón por los ejercicios espirituales de Cuaresma que predicó la semana pasada monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim— con su ciclo de meditaciones sobre los documentos del Concilio Vaticano II, durante la Audiencia General ofrecida en la Plaza de San Pedro. Durante la catequesis de hoy, el Pontífice se ha detenido en lo que ha denominado «la complejidad de la Iglesia», a partir de la constitución dogmática Lumen gentium, sobre la que ya ha tratado en semanas anteriores.

Ante miles de fieles, el Santo Padre ha profundizado en la naturaleza de la institución fundada por Jesucristo, aclarando que su complejidad no ha de entenderse como confusión, sino como propiedad de un organismo equilibrado y bien compaginado y «deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia». Según ha manifestado León XIV, «la primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos», subrayando que son los fieles quienes «comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncia el Evangelio».

Sin embargo, el Papa ha advertido que el aspecto puramente social, aun siendo fundamental, no basta para describir la verdadera esencia eclesial. De este modo, ha afirmado que «la dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se sobreponga a la otra», añadiendo que, por este motivo, «la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios». Porque «es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo».

Para ilustrar este misterio, el Pontífice ha remitido a la figura histórica de Jesús, recordando cómo sus discípulos experimentaban su humanidad a través de sus manos y su voz para, finalmente, encontrarse con la divinidad. En su reflexión, ha insistido en que la Iglesia no es una entidad abstracta: «No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia».

Así las cosas, y citando a Benedicto XVI, León XIV ha recordado que no existe oposición entre Evangelio e institución, pues «las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo». Y ha concluido haciendo un llamamiento a la caridad como el motor que mantiene vivo este edificio espiritual. Según ha manifestado el Santo Padre, la práctica del amor cristiano «nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo».

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