Se recogen en el documento «Poneos en camino» (Lc 10,3). Líneas pastorales de la Conferencia Episcopal Española (2026-2030)
La Iglesia en España ya tiene una hoja de ruta para los próximos cinco años. Se trata de las líneas pastorales de la Conferencia Episcopal Española (CEE), aprobadas definitivamente el pasado mes de febrero y publicadas este viernes. Con el «Poneos en camino», subraya ocho prioridades para el discernimiento y la acción, así como acciones concretas.
Anunciar el Evangelio e iniciar en la vida cristiana
La primera de las prioridades es, para los obispos españoles, la iniciación cristiana —primer anuncio y catecumenado—, tal y como afirmó Argüello durante la Asamblea Plenaria de esta semana. Una prioridad que debe ser transversal a toda la acción de la Iglesia.
«En este momento, en la sociedad española secularizada, el desafío de la Iglesia no es tanto el ateísmo, sino el hambre de Dios que se manifiesta de muy diversas maneras. Es importante un esfuerzo de escucha y acogida de esta creciente sed de espiritualidad».
Celebrar el domingo
Otro asunto fundamental es la celebración del domingo, que «no es un mero acto de devoción o un cumplimiento normativo», sino la experiencia de ser asamblea de llamados que somos congregados como pueblo para ser enviados a la misión según el lugar vocacional que hemos ocupado en torno a la mesa del Señor.
El discernimiento sobre la presencia en el territorio: escasez de población y disminución de miembros
Otro reto es la asimétrica distribución de las parroquias, con parroquias sin habitante, donde «no hay comunidad cristiana que tenga la capacidad de engendrar nuevos cristianos». El texto propone reflexionar sobre la conciencia de los laicos en su misión eclesial y cómo reorganizar la presencia.
«En cuanto a la escasez, es fundamental reflexionar sobre la ayuda entre diócesis en todos los sentidos, teniendo presente que estamos llamados a ser resto vivo y significativo, no residuo. No podemos limitarnos a contemplar cómo el barco se hunde, sino que han de alentarse propuestas y ensayos renovadores que, a medio y largo plazo, generen vida», se recoge en el documento.
Promover comunidades formativas
El texto subraya la necesidad de que existan comunidades formativas que acojan a los iniciados en la fe, que ayuden a refrescar la iniciación cristiana, así como la comprensión de la vida como vocación. En este sentido, subraya la propuesta de la Acción Católica como cauce para crear en la parroquia equipos formativos que ayuden a vivir la vocación laical en la comunión y misión de la Iglesia.
Vivir la fe en una sociedad plural
La diversidad de cosmovisiones ideológicas, éticas y religiosas es un reto para la Iglesia, que «ha de establecer cauces de convivencia basados en el respeto recíproco y en el derecho fundamental a la libertad religiosa, que ha de ser protegido y respetado por todos».
Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes
Esta prioridad, dice el documento, es una concreción de las anteriores. De hecho, subraya la importancia de integrar en la comunidad a los católicos que lleguen de otros lugares, así como de entrar en diálogo con aquellos que profesan otros credos religiosos.
Llevar el amor del Corazón de Cristo al mundo
Esta prioridad tiene que ver con la necesidad de un impulso renovado y un discernimiento eclesial de la presencia de los católicos en la vida pública. «Deberíamos reflexionar y promover alianzas sociales y políticas sobre otros temas que preocupan a la sociedad española, como la cuestión antropológica ante los interrogantes que suscitan las ideologías de género y el poshumanismo, el problema de la vivienda, las migraciones, el empobrecimiento, la despoblación, la influencia de la IA en el trabajo y la educación…», se explica.
Vocación y vocaciones y sinodalidad
Para llevar a cabo todas estas prioridades es necesario definir quién debe hacerlo y cómo.
La tarea es de todos los bautizados: «Todos hemos de cultivar una espiritualidad del servicio y de la disponibilidad para asumir ministerios, instituidos o no, a favor de la comunidad y la misión de la Iglesia».
El método es la sinodalidad: «Caminando en estilo sinodal, estamos llamados a la conversión de las relaciones en el entrelazamiento de nuestras vocaciones, carismas y ministerios, y a la conversión de los vínculos entre las diócesis y otras instituciones eclesiales».








