Bahjat Azrie, director del programa psicosocial de Maristas Azules en Alepo, ha viajado a Esaña para compartir su experiencia sobre el terreno
«Se puede vivir sin pan y sin luz, pero no se puede vivir sin esperanza» son las palabras de Bahjat Azrie, psicólogo de los Maristas Azules en Alepo, Siria. Pronuncia esta frase pocos minutos después de haber dicho que es difícil creerse lo que dice el papa Francisco de que la esperanza no defrauda en un país que enlaza una crisis con otra desde hace 13 años: guerra civil, crisis del covid, terremoto, y ahora un cambio de régimen que solo despierta inquietud e incertidumbre. En este contexto, insiste Azrie, la esperanza es «una decisión diaria, de levantarse cada día y hacer algo mejor, encontrar un sentido en medio del caos».
Los últimos meses en Siria han sido vertiginosos. Con la caída del régimen de Bashar al Assad, a principios de diciembre a manos de grupos armados yihadistas, liderados por Hayat Tahrir al Sham, la incertidumbre hacia el futuro campa a sus anchas. En esta nueva etapa, aunque no se ha declarado al país como un estado islámico sí que se perciben, en palabras de Bakjat Azrie, «tintes de islamización simbólica». Por ejemplo, se han aplicado cambios preocupantes en el currículum educativo, en el que se define la palabra infiel como judío o cristiano. No se habla de democracia en la declaración constituciones y el nuevo presidente está asumiendo demasiado poder. A nivel económico, se han abierto las fronteras y se ha dejado entrar al dólar, lo que está afectando negativamente a la industria local y a la capacidad de compra de la población.
Ante este nuevo escenario, los Maristas Azules, socio local de Manos Unidas en Alepo, está continuando con su labor mediante el programa integral de apoyo educativo, psicológico y social dirigido a familias vulnerables. Un programa enfocado en la educación y el apoyo psicosocial a familias vulnerables con especial atención a niños y a mujeres. Ofrecen talleres de habilidades para mejorar la situación económica de las familias, que incluyen cursos de costura, formación profesional para adultos orientada al empleo y al emprendimiento, apoyo a los funcionarios públicos despedidos.
No obstante, la principal necesidad de la población es la de sentirse acompañados, «acompañar, escuchar e intentar ofrecer espacios seguros», señala el director del programa. Por eso, no van a cesar en su labor, incluso manteniendo contactos, a través de la Iglesia local, con las nuevas autoridades.






