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Los obispos latinoamericanos piden a la OEA liderazgo «moral y político» para avanzar en justicia social 

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) presentó ayer un «Manifiesto contra la Pobreza en las Américas».

Los obispos latinoamericanos han decido lanzar un mensaje de socorro para un continente que lo está pasando mal. En la reunión que el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de ayer, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) presentó un «Manifiesto contra la Pobreza en las Américas», informa Vatican News.

En la declaración, los obispos sostienen que América Latina y el Caribe sufre la mayor concentración del ingreso y los mayores niveles de desigualdad en el mundo, como lo confirman los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y de la CEPAL de 2023. En ese contexto, el manifiesto debería ser un instrumento que impulse «un proceso contundente que actúe con la urgencia y valentía necesarias para lograr un paso trascendente hacia la justicia social en nuestro continente». 

Subraya que la desigualdad no es solo económica, de ingresos y de distribución de recursos, ya que «afecta también las dimensiones sociales y políticas, perpetuando la injusticia, debilitando la democracia, atacando la dignidad intrínseca de la persona, y socavando el bien común».

«El tejido social y comunitario se debilita»

A su vez, continúa, la desigualdad y la falta de oportunidades en el ser humano es una forma de violencia, ya que limita el despliegue de potencialidades de cada persona. Esto, además de quebrantar la democracia, va en detrimento de los derechos humanos, generando desconfianza entre los ciudadanos y las mismas instituciones del Estado. 

En definitiva, un círculo vicioso: «Como consecuencia, el tejido social y comunitario se debilita, incrementando aún más la vulnerabilidad de poblaciones enteras, muchas veces lamentablemente criminalizadas, cuando en verdad son víctimas». Pero el manifiesto señala también que la esperanza para encontrar un camino hacia la paz es el diálogo, la generación de puentes y el trabajo hacia una cultura del encuentro, teniendo como eje central a las comunidades.

El documento concluye con una apelación a la OEA: «Es el momento de ejercer el liderazgo moral y político, de escuchar las voces de justicia que se están levantando en todo nuestro Continente. Esto, además, será el gran aporte de las Américas ante la crisis global».

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