Desde la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana se indica que es «una oportunidad perdida para mejorar políticas y leyes vigentes»
Los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana han emitido una nota tras darse a conocer el contenido de un acuerdo político entre las distintas instituciones de la Unión Europea denominado Pacto de Migración y Asilo. Los prelados han expresado su «decepción ante una oportunidad perdida para mejorar políticas y leyes vigentes respecto a la acogida y protección de migrantes y refugiados en Europa».
Además, señalan de manera crítica que en el texto no se encuentra «un Pacto con una visión integral centrada en la persona y el bien común, sino un pacto para el control y la externalización de las fronteras». Exponen que son «preocupantes los medios y prácticas que este Pacto quiere legitimar», tales como «permitir la detención de niños a partir de los 6 años, acelerar los procedimientos de asilo en detrimento del análisis profundo de cada solicitud, permitir una solidaridad a la carta entre países, reforzar los sistemas de identificación con datos biométricos, la confusión en el uso de conceptos jurídicos indeterminados como “crisis” o “instrumentalización” que pueden suponer una utilización interesada de los mismos, destinar dinero a gobiernos de terceros países sin garantías de que en ellos se respeten los derechos humanos».
Otras alternativas
Desde la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana se indica que «no se han abordado con rigor a nivel de la UE las alternativas que, tanto la Iglesia como tantos otros actores sociales, vienen promoviendo y pueden resultar más eficaces que las prácticas vigentes: en lugar de excusarse en el “efecto llamada”, contribuir a evitar las guerras y hambrunas promoviendo el desarrollo de las poblaciones locales y así poner el foco sobre los “efectos salida”. En lugar de agitar el miedo al migrante con fines electoralistas, desmontarlo con la verdad y apelando a valores humanos o religiosos. En lugar de justificarse en la lucha contra las mafias, invertir en lo que más puede restarles poder, el establecimiento de vías legales y seguras para una migración ordenada, habilitando corredores humanitarios cuando sea necesario y coordinando políticas entre las diferentes administraciones y países».







