El secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede subraya que la Jornada Mundial de las Comunicaciones, celebrada este domingo, no es un evento más, sino una llamada a reflexionar y a convertir el modo en que comunicamos
Este domingo se inició el mes que la Iglesia dedica tradicionalmente al Sagrado Corazón de Jesús. Además, con la fiesta de la Ascensión a los cielos, la Iglesia dedica esta jornada a las comunicaciones sociales. Para comprender más esta misión evangélica, ECCLESIA habló con Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede.
Lucio Adrián Ruiz nació en Argentina en 1965 y fue ordenado sacerdote en 1990. Su vida ha estado marcada por la tecnología y la comunicación, tiene un Máster en Administración de Empresas y es doctor en Ingeniería Biomédica por la Universidad Politécnica de Madrid. Ha sido asesor de Informática en la CEA; secretario ejecutivo de la Oficina de Sistemas del CELAM; coordinador técnico de la RIIAL; oficial de la Congregación para el Clero; profesor invitado en el ITEPAL; miembro del Foro de Teólogos de la Comunicación y jefe del Servicio de Internet del Vaticano. Además de su cargo actual, ejerce como profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
Antes de comenzar la conversación, nuestro entrevistado nos invita a participar al jubileo de los misioneros digitales, que tendrá lugar en Roma los días 28-29 de Julio. (www.digitalismissio.org)
—¿Por qué la Iglesia tiene dedicada una jornada a las comunicaciones sociales?
—Comunicar principalmente es una vocación, no solo una técnica: Como recuerda el Papa, la comunicación nace del encuentro con Cristo y se expresa como testimonio encarnado y humilde. Por eso la Iglesia dedica estas jornadas para discernir su propio modo de comunicar en medio de redes, algoritmos y relatos que muchas veces excluyen o simplifican.
Se necesita una espiritualidad de la comunicación: las jornadas no son un evento más, sino una llamada a reflexionar y convertir el modo de que comunicamos, con mansedumbre, esperanza y respeto, en la búsqueda y promoción de la verdad, promoviendo los valores. Por eso es necesario, por una parte, formar a los que realizan sus actividades en el ámbito de la comunicación, y por la otra apoyarlos para que sientan la compañía de la Iglesia madre en una realidad compleja y difícil donde desarrollan su misión.
—¿Por qué se celebra el día de la Ascensión del Señor?
—La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales fue establecida por el Papa Pablo VI en 1967. El origen de la jornada se encuentra en el Concilio Vaticano II y el decreto Inter Mirifica, que reconoce la importancia de los medios de comunicación como herramientas para la evangelización.
Fue elegida la Ascensión por varios motivos, entre los que se encuentra el hecho de que la Ascensión marca la misión confiada a los discípulos. El mensaje de la jornada menciona que comunicar es una vocación que nace del encuentro con Cristo, lo cual se remite a ese momento en que Jesús asciende y envía a comunicar su esperanza al mundo.
En clave escatológica comunicar desde la fe es hacerlo sabiendo que la historia tiene una dirección y una promesa. Esa promesa es la que encarna la Ascensión. Cristo asciende, pero no se ausenta, las jornadas invitan a una comunicación que haga presente a Cristo. Esa es la clave de la Ascensión, Jesús no se va, sino que se hace presente de otra manera.
—¿Por qué es importante la comunicación en el ámbito de la Iglesia?
—Porque la comunicación tiene un valor teológico: No se trata solo de informar, sino de modelar el mundo con la Gracia de Cristo, quien nos comunica el Padre («a vosotros los llamo amigos porque todo lo que he oído se los he dado a conocer»). De allí nace y allí se fundamenta todo fenómeno comunicativo en la Iglesia. A veces se iguala comunicación con medios de comunicación, y no es así, su fundamento, modelo y objetivo está en comunicar la Vida, y esto lo plasma todo, lo impulsa todo proceso y actividad comunicativa.
Comunicar es servir al otro, es el servicio a la verdad, el servicio del conocimiento, el servicio de la respuesta, el servicio del tiempo de escucha, el servicio de sanar las heridas con un anuncio de Misericordia. Por esto es importante aprender a generar procesos comunicativos donde se pueda encontrar y dar a Cristo. Esto es un proceso que se aprende y se acompaña. Como la comunicación es un “lugar teológico” donde Dios se hace presente, es necesario crear los espacios comunicativos, que parten del silencio y la oración. Allí se modela la verdadera comunicación.
—¿Cómo comunica la Iglesia en el mundo digital?
—La primera actitud es misionera, es decir, de ir a un lugar nuevo para llevar el mensaje. Esto implica el aprender el lenguaje, los tiempos y las dinámicas. Esto es necesario para poder entrar en diálogo con el hombre y la mujer de hoy, para que puedan comprender el mensaje en su propia lengua.
La segunda es la de la prudencia, para saber tomar con equilibrio lo bueno y discernir los peligros que hay en lo digital, como en toda cultura. Es necesario evitar los extremos que rechazan o que incorporan sin criterio. El discernimiento es una clave fundamental para poder entrar en una cultura para evangelizar.
La tercera es por medio de la atracción del testimonio. La comunicación más profunda es la vida de quien comunica, porque comunica lo que vive, y eso es fundamental en la cultura digital. Esto implica que las técnicas comunicativas propias del ambiente digital son importantes y válidas cuando se fundamentan en el testimonio de quien presenta el mensaje.








