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Luis Marín de San Martín, nuevo Limosnero del Papa: «Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito»

León XIV ha nombrado al agustino español como nuevo prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad

Con su nombramiento de hoy como Limosnero de Su Santidad y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, publicado este 12 de marzo, monseñor Luis Marín de San Martín, que hasta ahora ejercía como subsecretario del Sínodo de los Obispos, asume también la dignidad de arzobispo. Sucede en el cargo al cardenal Konrad Krajewski, que regresa a su Polonia natal como arzobispo de Łódź. Tras conocerse la noticia, el nuevo prefecto ha compartido un mensaje de profunda gratitud y compromiso con los más vulnerables.

Luis Marín de San Martín afronta esta nueva etapa como un servicio a la Iglesia, que define como su familia: «Deseo servir en lo que me pida, en lo que necesite de mí, como un hijo con su Madre». Para el prelado, este Dicasterio no es una oficina burocrática, sino una «expresión especial de la misericordia» que realiza su labor en nombre del Pontífice.

En su mensaje, Marín ha subrayado su voluntad de dar continuidad a la labor de su predecesor, con un enfoque personal basado en la escucha activa de los más necesitados. «Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito, que es el de Cristo», ha afirmado, insistiendo en que su misión no es otra que «revelar el verdadero rostro del amor divino» en un mundo a menudo herido.

El nuevo arzobispo ha tenido también palabras de recuerdo para su etapa anterior, destacando la vitalidad eclesial de la que ha podido ser testigo durante el proceso sinodal. «He conocido a muchos ‘santos de la puerta de al lado’ que, con sencillez, coraje y alegría, viven y testimonian su fe», ha señalado. En ese sentido, ha agradecido al papa Francisco por haber contado con él para colaborar en ese tiempo de renovación y esperanza.

Finalmente, ha querido recordar que este nuevo camino que emprende es, ante todo, una cuestión de fe y seguimiento radical. Citando su propia ordenación episcopal y la espiritualidad de san Agustín, ha reafirmado su entrega.

Consciente de la magnitud de la tarea que tiene por delante, ha concluido pidiendo el apoyo de los fieles: «Necesito el sólido apoyo de la oración. Soy consciente de que el servicio a los pobres remite al Evangelio. Ellos nos evangelizan».

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