El obispo Satué anuncia la decisión tras la sentencia contra un sacerdote diocesano por delitos contra cuatro mujeres, reafirmando el compromiso de la Iglesia con el perdón y la reparación
El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha ofrecido una comparecencia ante los medios de comunicación tras conocerse la decisión de la Audiencia Provincial que condena a un sacerdote de la diócesis por delitos sexuales cometidos contra cuatro mujeres. El prelado ha dado así cumplimiento a su propio compromiso de manifestarse públicamente cuando se dictara sentencia, sin escatimar en palabras de contrición: «Los hechos recogidos en la resolución judicial nos avergüenzan y los lamentamos profundamente, especialmente por las consecuencias que han tenido y siguen teniendo en la vida de las víctimas».
Pero la respuesta de la Diócesis de Málaga no se ha quedado en una mera declaración de intenciones. Esta misma semana, monseñor Satué ha remitido una carta personal a cada una de las víctimas para ofrecerles el Servicio diocesano de acompañamiento terapéutico y espiritual, así como su total disponibilidad para mantener un encuentro personal. El anuncio más contundente, asimismo, ha sido la decisión de consignar y poner a disposición de las mujeres, de forma inmediata, la cantidad económica fijada por la sentencia, cerca de 400.000 euros en total.
El abono de esta indemnización tiene un carácter excepcional, puesto que es definitiva e irrevocable al margen del proceso judicial. «Queremos evitar así, al menos en este punto, que las víctimas se vean abocadas a esperar la conclusión definitiva de una causa que podría alargarse en el tiempo», explicó el obispo, subrayando que las mujeres podrán disponer del dinero incluso si futuros recursos judiciales redujeran la cuantía. Para monseñor Satué, la prioridad es clara: «Con esta decisión queremos situar a las víctimas en el centro de nuestra mirada y buscar ante todo su bien».
Durante la rueda de prensa, el obispo ha sido interpelado por los medios de comunicación sobre posibles errores de gestión y el tiempo transcurrido a la hora de mantener contacto directo con las afectadas. Con humildad, el prelado de Málaga ha reconocido la complejidad de la crisis y reiterado su petición de perdón. Ante la posibilidad de que la diócesis esté asumiendo un pago que podría corresponder legal y personalmente al sacerdote condenado en primera instancia, monseñor Satué ha sido tajante: «Hay ocasiones como esta en las que si tenemos que correr un riesgo es mejor correr un riesgo de equivocarnos a favor de las víctimas».
El obispo también ha querido despejar cualquier sombra de duda sobre la actitud de la Iglesia hacia la reacción de las víctimas: «No tengo, por supuesto, ningún reproche que hacer, sino todo lo contrario. O sea, yo lo que hago es pedirles perdón porque han tenido que sufrir a consecuencia de un sacerdote». Más allá de la reparación del caso concreto, se ha informado de que la Diócesis de Málaga busca transformar este dolor en una cultura de prevención. De este modo, monseñor Satué ha anunciado el impulso del Servicio Diocesano para la Atención a las Víctimas y Prevención de Abusos, que contará con la colaboración del proyecto «Repara» del Arzobispado de Madrid.
El objetivo final, según ha destacado, es garantizar que la comunidad católica sea un hogar libre de violencia. «La experiencia dolorosa de las víctimas nos ayuda a hacer una Iglesia y una sociedad más seguras para todos», reflexionó, concluyendo con una reafirmación de su voluntad de «asumir con la máxima responsabilidad cualquier denuncia» y garantizar «entornos verdaderamente seguros». Con este paso al frente, la Iglesia de Málaga busca que su voz, que «también sufre por la herida de los abusos», pueda convertirse en un instrumento de sanación y transparencia.








