Cuánto debe de costar la fe tras una tragedia como la que usted ha vivido…
Mi fe se ha fortalecido. En toda tragedia tendemos a echar la culpa a Dios. A mí me preguntan cómo puedo seguir creyendo después de esto, y les respondo que, aunque tú no lo veas, Dios nunca te abandona. El Señor no me ha hecho esto; Dios me ayuda y me da la esperanza de volver a ver a mi hijo.
Aparte de la esperanza, ¿qué más puede aportar la fe en un duelo?
El perdón. Las personas con fe por supuesto que tenemos el mismo dolor y sufrimiento, pero el odio no lo conocemos. Yo he perdonado de corazón al señor que mató a mi hijo, aunque no quiero verlo, porque no quiero que se despierten en mí malos sentimientos. Para que alguien sepa por lo que yo he pasado, tendría que perder a todos sus hijos, y yo no le voy a desear eso a nadie.
¿Cómo es su relación con Dios?
Dios es mi padre y, como padre e hija, también nos peleamos. Cuando estoy desesperada, me enfado con él, le digo que ya me explicará por qué ha pasado esto. Pero siempre hacemos las paces. Me consuela pensar que, como mi hijo era músico, al Señor le hacía falta un músico en el cielo y lo llamó.
¿Cómo fue su encuentro con la Iglesia?
El duelo era tan fuerte que hasta mi familia me dio de lado: insistían en que no podía seguir así, que tenía que animarme… Me dieron de lado. Pero en el grupo de oración de mi parroquia no me soltaron la mano ni un minuto. Nunca. Cuando tú estás perdida y ves personas que se vuelcan contigo al 100 %, con apoyo total, ahí encuentras la salvación.
¿Cómo se ayuda en el duelo a una familia no creyente, cuando, precisamente, lo que le ha hecho salir adelante a usted han sido la fe y la Iglesia?
A los creyentes ya hay que acercarse con mucha diplomacia, porque el rechazo a Dios en una situación así es grande. Es normal. Los no creyentes muchas veces ni se preguntan dónde está Dios. Pero nuestra ayuda y nuestro testimonio ya son la Iglesia y Dios actuando. Las personas que me ayudaron a mí tienen un don del cielo, y yo misma siempre le pido al Padre cuando tengo que atender a familias: «Dios mío, échame una mano».







