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Massimo Borghesi: «Es dramático que en este contexto tan complicado no tengamos la voz de Francisco»

En el primer aniversario de la muerte de Francisco, publicamos esta entrevista con el autor de la biografía intelectual del Papa argentino, recogida en el número especial de mayo de 2025

El italiano Massimo Borghesi es uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo. Catedrático de Filosofía Moral, hizo su tesis doctoral sobre Hegel y es un prolífico ensayista. Ha escrito sobre nihilismo, secularización, educación, posmodernidad o teología política. Además, es un gran conocedor del pensamiento del papa Francisco, sobre el que ha escrito varios libros, como Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual y El desafío Francisco, ambos publicados en español por Ediciones Encuentro.

—¿Cuál fue el núcleo del pensamiento del papa Francisco?
—La concepción tensa de la vida y de la vida cristiana, que siempre está modulada por dos polos opuestos: la gracia de Dios y la libertad del hombre. Esta concepción deriva de los Ejercicios Espirituales y del gran intelectual francés Gaston Fessard. A partir de esta base, él profundizó en la visión polar de la vida, entre lo particular y lo universal, entre idea y realidad, en su investigación sobre Romano Guardini. Francisco planteó la vida como polaridad, una polaridad que requiere continuamente decisiones, una vida que se mueve continuamente entre contemplación y acción. Esto lo transfirió a sus documentos, también como Papa. Esta idea la podemos encontrar en Evangelii gaudium y las otras cartas, así como en sus encíclicas.

—Una visión polar que no es negativa, ¿no?
—Es una visión polar generativa. Por ejemplo, la tensión entre contemplación y acción. Esto es fundamental en la vida del hombre y en la vida del cristiano. La vida de oración está orientada al trabajo, a la presencia, al apostolado en el mundo. Es una concepción contemplativa y activa al mismo tiempo. La polarización, por contra, tiene que ver con los conflictos dramáticos del presente y de las oscilaciones de la sociedad, de la civilización y de los cambios políticos, sin encontrar nunca el equilibrio. La visión polar del papa Francisco tiene como finalidad encontrar puntos de paz, el equilibrio entre los polos opuestos. Siempre decía que había que evitar que las polaridades se convirtieran en contradicciones, porque cuando lo hacen, aparece la guerra. Es dramático que en este contexto tan complicado no tengamos su voz.

—¿Cómo ha marcado este pensamiento su pontificado?
—Este ha sido un pontificado no solo de justicia, sino también de paz. Será recordado como el gran protagonista de la paz. Es significativo que aquellos que otorgan el Premio Nobel de la Paz hayan olvidado su figura. Si hay un hombre que ha luchado por la paz durante estos años, ese ha sido Francisco. Su llamada fue insistente y continua para lograr una solución entre Ucrania y Rusia. Pero también fue protagonista del camino de la paz, por ejemplo, en Siria. Estuvo en África, donde se viven numerosos conflictos y guerras; fue a Irak… Y en El Cairo firmó ese gran documento sobre la fraternidad con el imán de Al-Azhar, Ahmed el-Tayeb. También promovió el diálogo con la ortodoxia, aunque luego se bloqueó, porque Kirill se convirtió en el patriarca de la guerra.

—¿Qué impacto ha tenido su pontificado a nivel geopolítico?
—Fue siempre una voz incómoda que, sin embargo, recordaba a los Estados, a los pueblos, a los gobernantes, que había alternativas a los conflictos. Por ejemplo, en el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania, Francisco insistió en que se debía encontrar una solución diplomática. Si no hubiera estado la voz del Papa estos años, solo hubiesen hablado las armas. Es el último profeta de paz en un mundo que parece entender solo el lenguaje de la guerra. Esta función profética ha sido importante.

—¿Evolucionó el pensamiento de Francisco a medida que fue avanzando el pontificado o se mantuvo en una misma línea? ¿Ha habido continuidad con los Papas anteriores?
—Diría que su pontificado se convirtió en un lugar de aplicación de los principios que estaban en la raíz de su pensamiento y que comentamos antes. Por otra parte, cada Papa responde a la situación de la Iglesia de su tiempo o del mundo y, por lo tanto, a veces, las soluciones cambian. Eso no quiere decir que los últimos Papas no hayan sido grandes. Se puede discutir todo, pero la contribución de Francisco ha sido muy significativa. Ciertamente, no es Benedicto XVI ni Juan Pablo II. De hecho, su Papa predilecto era Pablo VI.

—¿Cuáles han sido, en su opinión, los ejes fundamentales de su pontificado?

—El eje fundamental ha sido, seguramente, el de la apertura misionera hacia el mundo, que ha encontrado en la defensa de los pobres y marginados un punto de gran sensibilidad. Esto refleja seguramente su sensibilidad de Papa argentino, de América Latina, donde el problema de la pobreza es enorme y las desigualdades sociales son profundas. En Europa, sentimos menos este problema, aunque en los últimos tiempos es más visible. Por otro lado, promovió una Iglesia menos temerosa, más abierta. Después de la caída del Muro de Berlín, la Iglesia esperaba un renacer religioso de Occidente, pero se dio cuenta de que la secularización era mucho más radical. Y esto llevó a que se encerrara por temor a la sociedad. Con el papa Francisco es como si hubiera encontrado una capacidad de hablar con cordialidad hacia los alejados. Esto provocó a incomprensiones, porque muchos de los cercanos no entendieron esta posición. Fue una postura misionera, de diálogo, de encuentro. Muchas personas que no son cristianas ni creyentes miraban a Francisco como un signo de esperanza.

—¿Por qué no se comprendió su mensaje en algunos casos?

—Se interpretó equivocadamente el pensamiento del Papa. Demostró ser ortodoxo y seguir la doctrina de la Iglesia. En realidad, la no comprensión de su mensaje tiene que ver con valoraciones políticas ante la posición de apertura, diálogo y de salirse de los esquemas establecidos. La postura del Papa no fue progresista, fue misionera.

—¿Qué impacto ha tenido a nivel político?

—El de Francisco fue un pontificado profundamente político, en el sentido de que estaba profundamente arraigado en la historia. Fue un Papa con sentido de la historia, con ese sentido político e histórico de la presencia cristiana. Sin embargo, siempre estuvo muy pendiente de no mezclar la Iglesia con los partidos políticos y la política. Y, por tanto, siempre defendió que Iglesia y poder deben distinguirse profundamente, que la Iglesia no debe ser un centro de poder. Son dos polos. De nuevo volvemos a la idea de polaridad tan presente en su pensamiento. Insisto: el Papa fue profundamente histórico, con una gran sensibilidad política, pero no quiso que la Iglesia se convirtiera en sujeto político, en tanto en cuanto sujeto de poder.

—¿Cuál ha sido la mayor contribución del papa Francisco?

—Supo hablar a los hombres de hoy, incluso a los más alejados. Supo mostrar el lado humano y misericordioso del cristianismo. No por casualidad el Jubileo de 2015 fue sobre la misericordia. Se hizo cargo de los pobres del mundo, de los que nadie se ocupa, y, por eso, presentó a la Iglesia como hospital de campaña. Es la idea de que en un mundo herido, atravesado por las guerras, puede haber un lugar para ser acogidos y sanados. Un lugar de humanidad. Hay un espacio en medio del individualismo y la soledad. Y esto tiene una gran atracción. Además, la Iglesia que recibió Francisco estaba muy afectada por los escándalos de abusos y había perdido la credibilidad en el plano moral. Su pontificado ha restituido la plena dignidad moral a la Iglesia y esto es algo grande. Los críticos del Papa han pasado por alto esto. La Iglesia hoy no tiene miedo, no debe justificarse por existir, sino que incluso puede hacer su contribución en favor de la justicia.

—Fue un Papa con gran sentido de la historia, atento a los signos de los tiempos y, por ello, también muy centrado en el anuncio del Evangelio, ¿no?
—El manifiesto de su pontificado fue Evangelii gaudium. Y él escribe literalmente que el kerigma viene antes que la moral. Porque sin el anuncio cristiano, incluso la moral cristiana se convierte en incomprensible. Los críticos no lo escucharon ni lo leyeron, solo algunos artículos de prensa. Pero el Papa habló todos estos años de Cristo, de la belleza del Evangelio y propuso a Cristo de un modo en el que los hombres de nuestro tiempo lo escucharon. Y esto es importante. Siempre decía que la gracia primerea y, obviamente, si primerea es que primero viene el anuncio, viene Cristo. 

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