En el marco del Año Jubilar 2025, los obispos destacan el papel de la virgen del Carmen como guía y consuelo para quienes surcan las aguas y sus familias
Con motivo de la fiesta de las gentes del mar y de la Virgen del Carmen, que se celebra el próximo 16 de julio, los obispos españoles han dirigido unas palabras a todos aquellos que viven y trabajan en el mar. Coincidiendo con el Año Jubilar 2025, cuyo lema es «La esperanza no defrauda» (Rom 5,5), los prelados han subrayado cómo esta virtud, arraigada en el amor divino, es un pilar ante las incertidumbres de la vida.
«La esperanza nace del amor y se funda en el amor que brota del corazón de Jesús traspasado en la cruz», expresan los obispos, recordando que la esperanza cristiana «no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino». En este sentido, resaltan que, incluso en medio de las dificultades y los sufrimientos inherentes a la vida en el mar, «en medio de la oscuridad se percibe una luz que brota de la cruz y resurrección de Cristo».
Los obispos han querido proclamar a María como «guía y esperanza nuestra». Dirigiéndose directamente a las gentes del mar, afirman: «Vosotros, que conocéis de cerca la incertidumbre de las travesías, la fuerza de las mareas y la fragilidad de la vida en el mar, sabéis también lo que significa confiar en una presencia que acompaña, protege y sostiene». Para ellos, la Madre del Señor ha sido siempre «faro en la noche, estrella que guía a los navegantes, consuelo en la soledad y fortaleza en las dificultades».
El mensaje también aborda los retos que enfrentan los trabajadores del mar, como los problemas de salud mental, la precariedad laboral, las condiciones de trabajo y la siniestralidad. Los obispos hacen un llamamiento a «levantar la voz, proféticamente, para recuperar a la persona como centro de todo, buscando su dignidad personal, laboral y familiar, antes que cualquier ganancia o búsqueda de productividad». Además, instan a una conversión ecológica para cuidar la casa común y construir el bien común, siendo así «signos tangibles de esperanza».
Finalmente, los obispos agradecen el trabajo diario y el esfuerzo de las gentes del mar, sus familias y todos aquellos que les brindan apoyo. «Sois signos tangibles de esperanza en medio de nuestra Iglesia y de nuestro mundo», concluyen, elevando su oración para que María les «sostenga a todos en la esperanza, cobije en la dificultad y nos acerque siempre a su Hijo Jesús, puerto de salvación».








