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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo: «Ser prójimo no es una condición, sino una decisión de amar que nace del encuentro con Cristo»

Basándose en su experiencia pastoral en Chiclayo, León XIV reconoce en su reflexión la labor de familiares, sanitarios y agentes de pastoral una red que confiere una dimensión social a la compasión

La ciudad peruana de Chiclayo se convertirá en epicentro de la caridad cristiana el próximo 11 de febrero —fiesta de Nuestra Señora de Lourdes—, al acoger la solemne celebración de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo. Bajo el lema «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro», el papa León XIV ha propuesto en su mensaje para esta fecha una reflexión profunda con objeto de redescubrir la dimensión social de la compasión y la belleza de la caridad hacia los más necesitados.

En un mundo marcado por las prisas y la indiferencia, el Papa ha vuelto a hacer un llamamiento a detenerse y mirar el sufrimiento ajeno, siguiendo el ejemplo de Jesús. Así, el Pontífice destaca en su reflexión que «ser prójimo» no es una condición física o social, sino «una decisión deliberada de amar que nace del encuentro con Cristo».

Utilizando la parábola lucana, León XIV afirma que «el samaritano se detuvo, le regaló cercanía, lo curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él. Sobre todo (…) le dio su tiempo». Esta acción, según el Papa, no es un mero gesto de solidaridad, sino un signo de participación personal en el dolor del otro, que convierte a la propia persona en parte del don entregado.

El mensaje, así las cosas, destaca que el cuidado de los que sufren no debe realizarse de forma aislada. Basándose en su experiencia pastoral en la propia Chiclayo, el Santo Padre reconoce la labor de familiares, sanitarios y agentes de pastoral una red que confiere una dimensión social a la compasión. Sobre este particular, León XIV resalta que «el samaritano buscó un posadero que pudiera cuidar de ese hombre, al igual que nosotros estamos llamados a invitar y a reunirnos en un “nosotros” que sea más fuerte que la suma de pequeñas individualidades». De este modo, el cuidado de los enfermos se define como una auténtica «acción eclesial» que permite verificar la salud espiritual y la justicia de nuestra sociedad.

Y no quiere dejar de recordar en su texto que el servicio al prójimo es la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios. Citando a su predecesor Benedicto XVI, destaca que el ser humano se realiza plenamente a través de las relaciones interpersonales y su vínculo con el Creador. «El verdadero remedio para las heridas de la humanidad es un estilo de vida basado en el amor fraterno, que tiene su raíz en el amor de Dios», escribe.

El mensaje, por último, finaliza con una oración a la Bienaventurada Virgen María, Salud de los Enfermos, además de impartir la bendición apostólica a todos los que sufren y a quienes, con ternura, los cuidan.

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