El periodista Fernando de Haro cierra en el país centroamericano su serie documental dedicada a mostrar la persecución que sufren los cristianos en distintas partes del mundo y, sobre todo, a dar voz a sus testimonios de fe
«El Reino de Dios ha entrado ya en la historia, y Dios está de parte del bien, de la verdad y de la justicia. Hay que tener esperanza. Esta noche escucharemos resultados, de una parte y de otra. Lo decisivo para el futuro de Nicaragua, no son los votos que se cuenten hoy y los que no se cuenten, lo decisivo para el futuro de nuestro país es que nos comprometamos todos de una vez por todas a ser personas íntegras». Domingo 6 de noviembre de 2016, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, levanta la voz desde el púlpito contra «el andamiaje jurídico y político», que considera «ruinoso».
Esa noche, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, ganan las elecciones para un segundo mandato, algo prohibido por la Constitución. Desde que se hiciera con el poder en 2008, Ortega ha ido disolviendo poco a poco el Estado de Derecho. Pretende hacerlo con el apoyo de la Iglesia, pero los obispos critican la deriva totalitaria de su Gobierno. Tras las elecciones de 2016, la tensión con la Iglesia ya es muy tangible. Los obispos denuncian la ilegitimidad de los comicios.
16 de abril de 2018. El Instituto de la Seguridad Social aumenta las contribuciones de empresas y trabajadores y obliga a cotizar, por primera vez, a los jubilados. Dos días después, el 18, cientos de personas salen a las calles de Managua para clamar contra la reforma. El centro de la protesta es la Universidad Centroamericana (UCA), donde la policía agrede a los estudiantes. El día 19, las imágenes de la represión en la universidad dan la vuelta al país y las manifestaciones se extienden por otras ciudades. Mueren tres personas. La ola es ya imparable y aumentan los muertos a manos de la Policía, que se contarán por decenas con el pasar de las semanas.
La respuesta violenta a las protestas de 2018 marca el inicio de una dura represión que continúa hasta el día de hoy. El estallido social, que nace de manera muy espontánea y nada organizada, acaba liderado por los universitarios. El 29 de abril es la Conferencia Episcopal la que organiza una marcha por la capital para rezar por las víctimas. Acaba de anunciar que mediará en una mesa de diálogo que acaba fracasando. Mientras tanto, Policía, Ejército y paramilitares se despliegan por todos los barrios en busca de los líderes de las revueltas. Las calles se convierten en el escenario de una batalla campal.
La Iglesia no se alinea ni con la derecha ni con la izquierda, su papel es salir al paso de lo que sucede, tras los últimos sucesos se ha convertido en la única voz autorizada en el país. Los chavales que se manifiestan lo hacen desde universidades católicas. Cuando van a dispararlos se refugian en la iglesia de la Divina Providencia, aunque no sean creyentes.
Una referencia social
Nicaragua es una sociedad profundamente religiosa, nada secularizada. La presencia es muy grande y arraigada, especialmente en los pueblos. La Iglesia es una referencia social, los párrocos gozan de gran autoridad entre la feligresía. Para el régimen de Ortega, su influencia se convierte en una amenaza. Empieza la persecución.
Entre abril de 2018 y diciembre de 2024, cuatro obispos han tenido que abandonar Nicaragua y residen en el exilio. Religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos se han visto obligados a huir de su tierra. También sus familias han sufrido persecución y tortura. En este periodo, los católicos han sufrido 971 ataques, según el informe Nicaragua:¿una Iglesia perseguida?, de la abogada Martha Patricia Molina.
El periodista Fernando de Haro, en el documental Nicaragua Levantará, recoge los testimonios de aquellos que se han marchado, que muestran que la lucha por la libertad es la lucha por la dignidad del ser humano, y que contra el régimen de Ortega ya han vencido porque siguen en pie y con una certeza si cabe más grande de su fe. En ECCLESIA hemos hablado con él.
—¿Qué has aprendido de la importancia de la libertad?
—En el caso de Nicaragua la libertad no es un proyecto, no hay un plan. La lucha por la libertad surge de la exigencia humana de justicia, de que se respete la dignidad humana de las personas. Es una cosa muy bonita porque es muy primaria y poco ideológica. En Nicaragua se palpa cómo hay una resistencia al poder elemental en su origen, que es «yo no quiero que me digas lo que tengo que hacer, sobre todo, no quiero que limites, por ejemplo, mi expresión religiosa». Ahí se ve claramente que el deseo de libertad tiene mucho que ver con la exigencia de libertad de conciencia, de libertad política y religiosa.
He aprendido que el hombre está marcado por una exigencia de justicia y de libertad que es anterior a cualquier proyecto. Se podría decir que les ha faltado inteligencia política, les ha faltado planificación, vertebración, pero la fuerza de lo que pasa en Nicaragua es que está desnuda la imposibilidad del hombre de vivir sin libertad. De hecho, muchos de los que se suman a la causa no lo hacen pensando que hace falta una revuelta para una Nicaragua libre, sino que ante la injusticia concreta, que es que están matando gente, reaccionan.
—El documental se llama Nicaragua levantará y la última escena que aparece es la de un chico joven, que ha estado un año y medio preso y que dice «Cristo vence siempre». ¿Tiene relación con el título?
—En la primera parte del documental, dos hermanas de la Caridad cuentan el calvario que han sufrido, cómo han perdido todo y están en el exilio. No censuran nada, que eso es otra cosa muy buena, las heridas de la falta de libertad y del exilio están a flor de piel. La gente tiene trastornos psicológicos, heridas físicas, dolor por la pérdida de la tierra. Ahí se formula una esperanza elemental que ya actúa mientras están siendo reprimidos. Lester dice: «Cristo vence siempre». Cuando estaba en la cárcel, le dijeron: «Tú eres el responsable de lo que ha pasado, tú no tienes Dios». Y él hace un ejercicio de razón y dice que vio todo lo que Cristo le ha dado. El título de Nicaragua levantará no es un ejercicio de voluntarismo, sino la constatación de que ya hay personas que han vencido al poder, porque habiendo pasado por la tortura, por la cárcel y por el exilio, no están derrotadas.
Nicaragua levantará, porque están en pie las personas. El título tiene que ver con la constatación de que hay una esperanza ya en acto. Puedes esperar un futuro mejor porque ya tienes un presente cargado de positividad. Esta gente que lo ha perdido casi todo tiene razones para tener una positividad en el presente que es esperanza para el futuro. Ellos dan testimonio y constatan que ya han vencido al poder. No porque hayan derrocado a Ortega, sino porque el poder ha sido incapaz de destruir su certeza y sus afectos.








