Demetrio Fernández confiesa con motivo del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal que padeció en su juventud una enfermedad incurable: «Me preparé para la muerte que llegaba inminente»
El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, ha confesado en una carta pastoral con motivo del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal —se cumple este domingo— que fue curado milagrosamente en su juventud de una enfermedad incurable.
«En 1981, contraje una enfermedad incurable, que me postró en cama durante un año completo. Llevaba ya nueve años de cura, tenía 33 años, y me preparé para la muerte que llegaba inminente. El doctor Pozuelo Escudero, gran endocrino discípulo del doctor Marañón, acertó con el tratamiento, y fui recuperándome durante varios años, hasta que, por intercesión del venerable José María Garcia Lahiguera y la oración de sus hijas Oblatas, fui curado milagrosamente de la noche a la mañana. Era el 27 de septiembre, san Vicente de Paúl. Y aquí me tenéis», explica en el escrito.
Según narra, la enfermedad fue una «fuerte experiencia de impotencia, de prestación, de despojamiento de todo proyecto de futuro, de preparación gozosa para la muerte». «Aquel 1982-1983, entendí como nunca y para siembre que mi vida era toda para el Señor, porque le sentí a él tan cercano y cariñoso como nunca».
Y agrega: «Fue verdaderamente un desposorio en la cruz, que me ha marcado definitivamente. Quizá cuando llegue me eche a temblar, pero puedo afirmar que desde aquella experiencia —y han pasado más de 40 años— miro la muerte con deseo sereno, con alegría de encontrarme con el amor de mi vida, Jesucristo mi Señor. Y este deseo sereno relativiza todo cualquier otro sufrimiento, que no han faltado a lo largo de mi vida. Puedo decir por gracia de Dios que me he encontrado con el amor de mi alma precisamente en la cruz compartida, la suya y la mía para la redención del mundo».
Al margen de este experiencia, Fernandez afirma que cada año, cuando llega esta fecha, da gracia a Dios y recuerda el ambiente de mi casa familiar, «donde todos confluíamos para anticipar la alegría de la Navidad y felicitarnos por haber sido tan agraciados —es el día de la Lotería Nacional, y a mí me tocó el Gordo—.
Acción de gracias
Este sábado, 21 de diciembre, la catedral de Córdoba acogió una Eucaristía de acción de gracias por este aniversario, a la que asistieron numerosos fieles y ocho obispos de distintas diócesis: Granada, Guadix, Málaga, Huelva, Alcalá de Henares, Almería y Sevilla.
«Jesucristo no le falta ni le falla a la Iglesia, y lo hace llamando a los presbíteros para que captemos en la fe la belleza de la Iglesia. Dios pide nuestra coloración, él es el protagonista y con Él el Espíritu Santo», dijo en la homilía.








