El monje recibió este domingo por la tarde la ordenación episcopal en la catedral de la ciudad catalana ante 1.500 fieles
«No debemos avergonzarnos nunca del Evangelio, a menos que lo vivamos sin autenticidad ni fidelidad. No debemos avergonzarnos nunca de nuestra fe, de estar felices de vivirla. Sin caer, nunca, en un orgullo excluyente, debemos estar siempre bien orgullosos. Me encanta que, para nosotros, vivir sea vivir en Cristo». Con estas palabras se ha presentado Octavi Vilà en Gerona tras recibir la ordenación episcopal y convertirse en obispo diocesano.
Gerona ya tiene obispos dos años después del fallecimiento del anterior, Francesc Pardo. Un ministerio que Vilà afronta con esperanza. «Si somos cristianos, no tenemos derecho a perderla. No tiene sentido perderla, porque seguimos a Cristo, que es esperanza para nosotros los creyentes, y es a quien debemos proclamar como esperanza para todo el mundo», ha añadido en nuevo obispo en su saludo al final de la celebración.
Del mismo modo, ha pedido no tener miedo a creer en Jesús, a vivir el Evangelio y a amar, pues «cada uno de nosotros puede aportar algo a esta tarea común desde los distintos carismas, vocaciones y servicios; presbíteros y laicos, hombres y mujeres».
También ha recalcado cuál debe ser la misión del pastor en una diócesis. En su opinión, el episcopado «no tiene otro sentido que el servicio a Cristo, a la Iglesia, a quienes formamos la diócesis y, en definitiva, a todos nuestros conciudadanos».
Y ha añadido en otro momento: «Somos un todo dentro de una Iglesia particular en la que el servicio del obispo pide una solicitud extrema, y todo ello centrado en el amor a los hermanos, imagen de Cristo. Su servicio debe ser siempre fruto del amor, y no puede ser de otra forma».
Vilà se ha dirigido a los que se han alejado de la Iglesia y la práctica religiosa y a los que no creen. A los primeros, ha recordado que vale la pena creer en Cristo y vivir el Evangelio y que la Iglesia siempre los espera «con los brazos abiertos, siempre lista para abrazaros». En segundo lugar, ha mostrado la intención de extender la mano a todos, en especial, a las instituciones con las que colaborar en la tarea de garantizar la dignidad humana en toda circunstancia.
La ceremonia la ha presidido el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, aunque entre los celebrantes también se encontraban el nuncio en España, Bernardito Auza; el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello; el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella; y el arzobispo-obipos de Urge, Joan Enric Vives.








