La Iglesia nos pide a lo largo del año rezar por diversas misiones y tareas que desarrolla en todo el mundo. Una de las más tradicionales es la jornada que conocemos como DOMUND, es decir la jornada que dedican las Obras Misionales Pontificias a orar y obtener recursos económicos para ayudar al trabajo de los misioneros.
Nuestra Iglesia, la diócesis de Gerona, fue durante muchas décadas una tierra de la que surgieron muchos misioneros que durante algunos años o durante toda su vida ministerial se dedicaron a llevar el Evangelio allí donde todavía no era conocido. Evangelizar es una de las grandes tareas confiadas a la Iglesia a la que nunca podemos renunciar. Esta tarea ha dado buenos y muchos frutos y es ésta una realidad que hoy podemos constatar en tantos lugares de otros continentes. La Iglesia ha ido adquiriendo una mayor presencia en determinadas regiones del mundo, y también hay que reconocer que la ha perdido en otras, como la nuestra.
Para la Iglesia de Gerona nombres como Mn. Joan Alsina (1942-1973) que ejerció su ministerio en Chile o Mn. Joaquim Vallmajó (1941-1994) que lo ejerció en Ruanda, son buenos ejemplos; lo dieron todo por el Evangelio y ejerciendo su misión, perdieron la vida. Ellos fueron dos misioneros «incómodos», como alguien les definía, porque ponían en evidencia las contradicciones de nuestro mundo y de la propia Iglesia. Un ejemplo es la frase que Mn. Juan Alsina dijo a los militares que le detuvieron en Chile justo antes de ser fusilado en el puente Bulnes, pocos días después del golpe de estado: «Por favor no me pongas la venda, mántame de frente porque quiero verte para darte el perdón.» Morir de frente y perdonante siempre está presente en quien da la vida por los demás y por el Evangelio, como estuvo presente en tantos otros mártires en los años treinta del siglo XX, víctimas también de la violencia y enamorados también del Evangelio. A unos ya otros debemos reconocimiento y debemos valorar, más allá de los aciertos y de los errores personales comunes a toda vida humana, su testimonio de Cristo y del Evangelio.
Se dice a menudo que hoy somos nosotros tierra de misión, tierra para acoger el ministerio de presbíteros venidos de otras tierras, otras culturas. Evangelizar es una tarea a la que nunca podemos renunciar, está estrechamente ligada a nuestra fe y no podemos llamarnos creyentes sin tener esa voluntad de ser misioneros de esperanza entre los pueblos. Nos lo decía el papa Francisco cuando el pasado mes de enero, semanas antes de su muerte, escribía el Mensaje para esta XCIX Jornada Misionera Mundial en el Año Jubilar 2025: «También nosotros, sintámonos inspirados en ponernos en camino detrás de las huellas del Señor Jesús para estar, con Él y en Él, signos circunstancia que Dios nos concede vivir.»
S







