Nacida en Argentina en 2014, la app reúne más de 138.000 iglesias en todo el mundo y suma 2,4 millones de descargas. En verano, cuando muchos viajan y dejan de ir a misa, propone lo contrario: encontrar la parroquia más cercana esté uno donde esté
Llega el verano y con él la rutina se rompe. La gente hace las maletas, cambia de ciudad o de país y, casi sin darse cuenta, deja de ir a Misa. «Hoy se me complicó ir a la misa donde voy siempre, bueno, hoy no voy», resume Pablo Licheri el pensamiento habitual del que viaja. Su aplicación, «Horarios de Misa», existe precisamente para desactivar esa excusa. Con un par de toques localiza la iglesia católica más cercana —esté uno en Barcelona, en París o en un pueblo perdido de otro continente— y muestra sus horarios de misa, confesión y adoración. El servicio es gratuito.
De transmitir la Misa a encontrarla
En 2013, Licheri trabajaba en un banco de Buenos Aires, en el ecosistema fintech, y andaba con ganas de montar una startup. El empujón llegó en un retiro espiritual, donde el sacerdote predicó sobre la importancia de ir a misa y sobre «el valor infinito que tiene cada misa». Aquello le hizo verla no como «una costumbre o una cosa de viejos», sino como algo que merecía la pena apreciar.
Su primera idea fue otra: una web para transmitir misas por internet las 24 horas. Un amigo lo reorientó y le dijo que era demasiado complicado y que, además, «la gente no va a ir a misa, va a estar viéndolo por la televisión». Le propuso algo más simple, una app para encontrar la misa cerca.
Aprendió de cero y la app para iPhone salió el 19 de marzo de 2014, festividad de San José, con unas 260 iglesias cargadas a mano. La recomendó a sus amigos, ellos a los suyos, y arrancó con unos 200 usuarios. «Yo decía: «Qué bueno, voy a ayudar a 200 personas a ir a Misa»». Todo sin organización, sin presupuesto y sin respaldo de la Iglesia.
Base de datos construida a mano
Una de las cosas más llamativas de la app es su carácter colaborativo, es decir, cualquiera puede aportar el horario de su parroquia. Pero ese modelo nació del descarte. Licheri intentó primero pedir a las diócesis sus listados oficiales y fracasó: «Ninguna me mandó una lista con las coordenadas, los horarios y lo que hace falta». Así que empezó a cargarlas él mismo, una por una.
«Como dicen en las startups, hay que hacer cosas que no escalan», explica. Pronto añadió un botón para que los propios usuarios avisaran de las iglesias que faltaban. Al principio, él mismo verificaba cada una: ubicación en Google Street View, que fuera realmente católica, dirección y teléfono… «Cosas que llevan unos cuantos minutos cada una».
El proyecto creció hasta desbordarlo. Primero le ayudaron sus hijos; después, voluntarios; y cuando ni ellos daban abasto —acumuló 3.000 iglesias pendientes—, empezó a contratarlos a tiempo parcial. Hoy la app reúne más de 138.000 iglesias y hace unas 10.000 actualizaciones al mes. Reportar un error es cuestión de segundos, se hace una foto a la cartelera de horarios o al boletín y se envía. «En unos pocos minutos ya estás actualizado». Basta con que una persona por parroquia mantenga los datos al día.
Del millón «imposible» a la meta de los diez
Hace diez años le preguntaron por su sueño y respondió que llegar a un millón de personas. «Sonaba totalmente imposible», admite. Pero pasaron los años y un día se topó con que ya eran 1.200.000.
Los números dan la medida del fenómeno: 2,4 millones de descargas, unos 250.000 usuarios activos al mes y cerca de un millón de personas distintas al año. La app se abrió 7,7 millones de veces el año pasado y crece entre un 40 % y un 60 % anual. Funciona en todos los países y en 40 idiomas, con lo que «el 99 % de los católicos del mundo la pueden usar en su propio idioma». La próxima meta son diez millones de usuarios, hacia 2028-2030.
Durante años, Licheri y su esposa cubrieron los gastos de su bolsillo, «como si fuera un hobby familiar». Hace unos tres años abrió una página de donaciones que le permite contratar a más gente, mejorar la web y añadir funciones. Ese apoyo hizo posible que el año pasado la app cargara iglesias en todos los países. Ahora busca donantes o fundaciones mayores para dar el salto publicitario.
Resurgir de la fe
Estados Unidos es hoy el país donde más crece la app, algo que Licheri conecta con «el resurgir de la fe católica». Más jóvenes en las parroquias, evangelizadores digitales y youtubers católicos con audiencias crecientes, y numerosas conversiones desde otras confesiones cristianas. En un país donde los católicos son minoría —en torno al 20 %—, ese converso recién llegado encuentra en la app algo que le maravilla, comprueba que la Iglesia católica está en todo el mundo.
Para quienes dudan de la profundidad de la fe, lanza una invitación: investigar. «Mucha gente que no le dedicó tiempo piensa que es una costumbre, algo que se fue inventando. No es así: rascas un poco y encuentras una investigación profundísima; puedes pasar el resto de tu vida profundizando y cada vez te vas a maravillar más».
El mensaje de fondo encaja con estas semanas de playa y maleta. Cambiar de sitio no tiene por qué significar dejar de ir a misa. Con la iglesia más cercana y sus horarios a un par de toques de distancia —esté uno donde esté, hable el idioma o no—, la excusa del «aquí no conozco» se queda sin argumentos.






