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Paolo Martinelli, vicario de Arabia del Sur

Paolo Martinelli: vicario apostólico de Arabia del Sur: «Que las religiones dialoguen es una afirmación de la importancia de Dios en la vida del hombre»

Este fraile capuchino, que fue obispo auxiliar de Milán, pastorea un territorio que se extiende a lo largo de tres países y donde vive un millón de católicos

En marzo de 2022, hace ahora tres años, el papa Francisco nombró al entonces obispo auxiliar de Milán, Paolo Martinelli, como vicario apostólico de Arabia del Sur. Un vicariato que comprende una extensión de 930.000 kilómetros cuadrados y tres países: Omán, Yemen y Emiratos Árabes Unidos (EAU), que suman aproximadamente un millón de católicos. La gran mayoría —en EAU— son inmigrantes de cientos de naciones distintas, con culturas y tradiciones muy diversas, y en Yemen, un país destruido por la guerra, se han marchado y quedan muy pocos. Señala Martinelli que «es una belleza descubrir que el Bautismo es lo que nos une a todos».

Desde la visita del papa Francisco en 2019 a los Emiratos, se han dado muchos pasos en el diálogo interreligioso, marcado por otra parte, por la caridad de las Hermanas de la Madre Teresa en Yemen. En ese viaje, el Santo Padre firmó junto al gran imán de Al-Azhar el Documento sobre la Fraternidad Humana, por la paz mundial y la convivencia común, y recibió como regalo la iglesia de la Casa de la Familia Abrahámica, un centro que alberga también una mezquita, una sinagoga y un fórum para el diálogo. 

—¿Cómo es su relación con otros líderes religiosos y con las autoridades civiles?
—Los encuentros que he tenido, en general, han sido siempre muy positivos. Excluyo el caso de Yemen, porque es un país en guerra. En Omán, tuve un encuentro con el ministro de Asuntos Religiosos, un hombre muy joven y sereno, muy disponible y con un razonamiento interesante. Me decía que cuando uno no está bien con los demás, no está bien con Dios, por lo que hay que ofrecer la posibilidad de celebrar culto a Dios, cada uno según su tradición. También quien viene de fuera debe tener la posibilidad de vivir su religión, porque las consecuencias sociales son grandes. Allí nos han dado permiso para construir un nuevo centro de formación cristiana en la capital, Mascate. Fue muy bonito cuando hicimos el acto de poner la primera piedra, pues el director de Asuntos Religiosos vino conmigo, vestido con su hábito. Fue un gesto muy bello de reconocimiento. Realmente, hizo mucho para facilitar la autorización de construcción. Significa que ha querido que estuviésemos presentes y nos ha transmitido que está contento de que, como cristianos, podamos tener nuestro centro de formación.

En los Emiratos he tenido la ocasión de encontrarme con el presidente, que es el emir de Dubái y Abu Dabi, un encuentro muy cordial. También me he encontrado con el emir de Sharjah, el jeque sultán Muhammad Al-Qasimi, una personalidad muy interesante, muy abierta. Podemos decir que sostiene la vida de la Iglesia, sobre todo, para poder construir templos allí, no solo católicos, también de otras confesiones religiosas. Tiene el deseo de sostener y de mostrar acogida. Además, quiere conocer también otras culturas, de ver las relaciones entre el islam, la lengua árabe… Está muy interesado en los elementos culturales ligados a la experiencia religiosa.

Otra oportunidad de relación ha sido la Casa de la Familia Abrahámica. Cuando llegué, todavía estaban organizando las últimas cosas, pero fue interesante el primer diálogo que tuvimos. El director del centro subrayaba que las religiones son diferentes y, al mismo tiempo, la necesidad de reconocer que todos tenemos lo humano en común, la misma humanidad. Y que por eso podemos caminar juntos en el respeto.

—Es un valor…
—Es un gran valor. Todas las religiones tienen hoy la tarea de reclamar a la humanidad la importancia de la relación con Dios. Esto es común a todos. El hecho mismo de que las religiones puedan dialogar entre ellas es una afirmación de la importancia de Dios en la vida del hombre. Si el hombre se olvida de Dios va contra sí mismo. No se trata solo de hacer una confrontación de doctrinas, que también es importante para respetar la diferencia, sino que también es muy bello darse cuenta de que las religiones tienen una contribución a lo humano.  Las religiones tradicionales tienen una capacidad de humanizar las relaciones, de humanizar la vida social. Se encuentran cuando reconocen que tienen una contribución que ofrecer a lo humano, cuando nos recuerdan que somos deseo de Dios.

—España, Europa… parecen haber olvidado a Dios. Somos sociedades cristianas sin Cristo. En cambio, allí son muy religiosos. ¿Qué impacto tiene esto en la sociedad?
—Es una cosa que me ha impactado mucho desde el principio, sobre todo en los Emiratos Árabes. Es una sociedad hipermoderna: caminar por Abu Dabi es como caminar por Nueva York, pero más moderno. Te encuentras esta sociedad moderna, totalmente proyectada hacia el futuro —no sé decir cuántas construcciones se ven en este momento—. Y, al mismo tiempo, es profundamente religiosa. El islam marca el ritmo de las jornadas, el muecín llama a la oración cada mañana, durante el día la gente se detiene a la hora de la oración. La dimensión religiosa y el desafío de la modernidad conviven. Este es, precisamente, nuestro problema, que sentimos un conflicto entre el progreso de la modernidad y la experiencia religiosa. Esto nos desafía a los occidentales, porque es un hecho que para ellos las dos dimensiones no están en conflicto. 

Evidentemente, ellos también tienen desafíos, sobre todo con las nuevas generaciones, pero impacta ver una sociedad que es públicamente religiosa, con todos los símbolos de la vida: la oración diaria, el Ramadán, que es una experiencia muy interesante, porque lo viven con mucha seriedad. No es tanto el ayuno como la idea de romper el ayuno con los otros, en un momento de compartir, de caridad. Todas las tardes, durante el Ramadán, cuando llega la hora en que se interrumpe, en los semáforos se reparte comida gratuitamente y se invita a todos, también a nosotros, cristianos. Muy a menudo nos invitan familias musulmanas a romper el ayuno con ellas. Incluso nosotros lo hacemos en nuestras parroquias, invitamos a los musulmanes a romper el ayuno juntos.

A mí me conmueve mucho lo que comentaba de los semáforos, porque se ve claramente cómo la experiencia religiosa está dentro de la vida. 

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