«Que ninguna Iglesia cristiana sea abolida», ha afirmado tras la prohibición de Ucrania de confesiones vinculadas a Rusia
El papa Francisco ha hecho este domingo, tras el rezo del ángelus, un repaso por las principales preocupaciones del momento: la emergencia por la viruela del mono, especialmente en República Democrática del Congo, así como la situación en Nicaragua, Ucrania, Palestina, Israel, Palestina o Myanmar.
En primer lugar, el Pontífice ha animado a la población del país centroamericano a renovar su esperanza en Jesús. «Recordad que el Espíritu Santo guía siempre la historia hacia proyectos más altos. Que la Virgen Inmaculada os proteja en los momentos de prueba y os haga sentir su ternura materna. Que la Virgen acompañe al amado pueblo de Nicaragua», ha agregado.
Del mismo modo, ha mostrado su solidaridad con las personas afectadas por la viruela del mono, que es «una emergencia sanitaria global». Así, ha rezado por todas las personas contagiadas y, especialmente, por la República Democrática del Congo, donde la enfermedad golpea con especial fuerza.
«Aliento a los gobiernos y a las industrias privadas a que compartan la tecnología y los tratamientos disponibles, para que a nadie le falte una asistencia médica adecuada», ha añadido.
Sobre Ucrania, Francisco se ha referido a la decisión del Gobierno de este país de prohibir a las confesiones cristianas vinculadas a Rusia: «Me asalta un temor por la libertad de quien reza, porque quien reza de verdad reza siempre por todos. No se hace mal al rezar».
Y ha continuado: «Que se deje rezar a quien quiere rezar en la que considera su Iglesia. Por favor, que ninguna Iglesia Cristiana sea abolida, directa o indirectamente. ¡Las Iglesias no se tocan!»
Como hace habitualmente, el Pontífice ha pedido el fin de las guerras en Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar y en cualquier otra región. Según Francisco, «los pueblos piden paz».
Comentario al Evangelio del domingo
Antes de la oración mariana, ha reflexionado sobre el Evangelio de este domingo, cuando san Pedro pregunta a Jesús: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».
«Entre los muchos maestros de aquel tiempo, Pedro y los demás apóstoles encontraron solo en Él la respuesta a la sed de vida, a la sed de alegría, a la sed de amor que los anima; solo gracias a Él experimentan la plenitud de vida que buscan, más allá de los límites del pecado e incluso de la muerte», ha destacado.
Así, ha invitado a todos a preguntarse por la presencia de Jesús en nuestra vida y por si nos dejamos tocar y provocar por su sus palabras. «A ti, hermano, hermana, pregunto: ¿Las palabras de Jesús, son para ti —también para mí— palabras de vida eterna?», ha concluido.








