La Santa Sede anuncia la estancia estival en las villas pontificias de León XIV, que este martes se ha reunido con los obispos italianos
El Papa vuelve a Castel Gandolfo. León XIV retomará —tras la pausa del pontificado de Francisco— la estancia estival en las villas pontificias, tal y como ha comunicado la Prefectura de la Casa Pontificia este martes.
El Pontífice se trasladará a esta residencia papal el próximo 6 de julio. Durante su estancia, León XIV presidirá la Eucaristía el 13 de julio en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva y recitará el ángelus en la piazza della Libertà. El 20 celebrará la Eucaristía en la catedral de Albano y recitará el ángelus de nuevo en la piazza della Libertà antes de volver al Vaticano.
En julio quedan suspendidas las audiencias generales de los miércoles a excepción de la del día 30. Según el comunicado vaticano, el Papa volvería a Castel Gandolfo el 15 de agosto y regresaría al Vaticano el 17.
Al margen de esta noticia, el día ha estado marcado por el encuentro de León XIV con los obispos italianos, a los que ha señalado algunas prioridades pastorales, unas «coordenadas a través de las cuales podréis ser Iglesia que encarna el Evangelio y ser signo del Reino de Dios».
La hoja de ruta
En primer lugar, el Pontífice ha destacado la necesidad de «un impulso renovado en el anuncio y la transmisión de la fe». «Se trata de poner a Jesucristo en el centro y ayudar a las personas a vivir una relación personal con él, para descubrir la alegría del Evangelio. En un tiempo de gran fragmentación, es necesario volver a los fundamentos de nuestra fe, al kerigma. Y se trata de discernir las formas de hacer llegar la Buena Nueva a todos, con acciones pastorales capaces de interceptar a los más alejados y con instrumentos adecuados para la renovación de la catequesis y los lenguajes del anuncio», ha agregado.
En segundo lugar, ha pedido que se desarrolle una atención pastoral sobre el tema de la paz y ha llamado a los cristianos a ser «artífices de ella en los lugares de la vida cotidiana». Ha citado, entre otros, la parroquia, los barrios, la zona del interior del país, las periferias urbanas y existenciales: «Allí donde las relaciones humanas y sociales se vuelven más difíciles y el conflicto toma forma, aunque de manera sutil, debe hacerse visible una Iglesia capaz de reconciliar».
Así, ha hecho hasta propuestas concretas, como que cada diócesis pueda promover itinerarios de educación para la no violencia, iniciativas de mediación en los conflictos locales o proyectos de acogida que transformen el miedo al otro en una oportunidad de encuentro.
Otro de los acentos tiene que ver con el respeto por la dignidad de la persona humana ante el avance de la inteligencia artificial, las biotecnologías, la economía de los datos y las redes sociales. «La dignidad del ser humano corre el riesgo de ser aplastada u olvidada, sustituida por funciones, automatismos, simulaciones. Pero la persona no es un sistema de algoritmos: es criatura, relación, misterio. Que el camino de las Iglesias en Italia incluya, en coherente simbiosis con la centralidad de Jesús, la visión antropológica como instrumento esencial del discernimiento pastoral», ha subrayado.
Finalmente, ha animado a cultivar la cultura del diálogo y a convertir todas las realidades eclesiales en espacios de escucha intergeneracional, de encuentro entre mundos diferentes, de cuidado de las palabras y las relaciones. «Donde hay escucha puede nacer la comunión y donde hay comunión la verdad se vuelve creíble».
Dos exhortaciones
A modo de conclusión, León XIV hizo dos exhortaciones. La primera: «Seguid adelante en la unidad, pensando especialmente en el camino sinodal. […] Permaneced unidos y no os defendáis de las provocaciones del Espíritu. Que la sinodalidad se convierta en mentalidad, en el corazón, en los procesos de decisión y en las formas de actuar».
Y la segunda: «Mirad al mañana con serenidad y no temáis tomar decisiones valientes. Nadie podrá impedir que estéis cerca de la gente, que anunciéis el Evangelio. […] Cuidad de que los fieles laicos, alimentados por la Palabra de Dios y formados en la doctrina social de la Iglesia, sean protagonistas de la evangelización en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en los ambientes sociales y culturales, en la economía, en la política».








