El Papa se ha reunido esta martes con los seminaristas de todo el mundo que han peregrinado a Roma para participar del Jubileo de la Esperanza
León XIV ha recibido a seminaristas y formadores en el marco de su Jubileo, señalando que son testigos en un tiempo que presenta desafíos. En su discurso, el Santo Padre ha llamado a la valentía, la madurez humana y la interioridad, instándolos a convertirse en «puentes y no obstáculos» para el encuentro con Cristo. El Pontífice ha agradecido a los futuros sacerdotes su presencia, reconociendo que su energía contribuye a la esperanza en la vida de la Iglesia.
Ha alentado, además, a los jóvenes a acoger la llamada a ser «anunciadores mansos y fuertes de la Palabra que salva, servidores de una Iglesia abierta y de una Iglesia en salida misionera». En un mensaje en español, el Papa ha agregado: «Gracias por haber aceptado con valentía la invitación del Señor a seguir, a ser discípulo, a entrar en el seminario. Hay que ser valientes y no tengan miedo».
El Papa León ha destacado la experiencia de amistad con Jesús y con los compañeros de formación. «No hay nada en ustedes que deba ser descartado, sino que todo debe ser asumido y transfigurado en la lógica del grano de trigo, con el fin de convertirse en personas y sacerdotes», ha afirmado.
Centrándose en la encíclica Dilexit nos del papa Francisco, el Santo Padre ha recordado que el seminario debe ser una «escuela de los afectos». En un contexto social que puede presentar conflictos y narcisismo, ha subrayado la necesidad de «aprender a amar y a hacerlo como Jesús». «Ustedes están llamados a amar con el Corazón de Cristo», les ha dicho, señalando que para ello es crucial trabajar en la propia interioridad.
«El primer trabajo, por tanto, hay que hacerlo en la interioridad», aseveró el Papa, citando a San Agustín sobre la importancia de volver al corazón. Reconoció que «bajar al corazón a veces puede presentar miedo, porque en él también hay heridas», pero anima a no temer cuidarlas, ya que «precisamente de esas heridas nacerá la capacidad de estar junto a los que sufren».
Oración, discernimiento y escucha de la humanidad
El Sucesor de Pedro ha instado a los seminaristas a cultivar el silencio y la soledad en la oración para conocerse a sí mismos. Les ha invitado a invocar al Espíritu Santo para que forme en ellos un «corazón dócil», capaz de captar la presencia de Dios en la naturaleza, el arte, la poesía, la literatura, la música y las ciencias humanas.
Además, les ha pedido estar atentos a los desafíos contemporáneos, como la inteligencia artificial y las redes sociales, y, sobre todo, a «escuchar el grito, a menudo silencioso, de los pequeños, de los pobres y de los oprimidos y de tantos, sobre todo jóvenes, que buscan un sentido a su vida».
El Papa ha subrayado la importancia del discernimiento, alentando a los seminaristas a «guardarse de la superficialidad y junten los fragmentos de la vida en la oración y la meditación», preguntándose: «¿qué me enseña lo que estoy viviendo? ¿Qué me dice a mi camino? ¿Hacia dónde me está guiando el Señor?»
Finalmente, el Papa les ha llamado a tener un «corazón manso y humilde como el de Jesús», asumiendo los sentimientos de Cristo para progresar en la madurez humana, «sobre todo afectiva y relacional». Ha insistido en la necesidad de «rechazar todo disfraz e hipocresía» y de llevar a la relación con Dios las crisis, límites y fragilidades, viéndolas como ocasiones de gracia y de experiencia pascual. El encuentro ha concluido con la recitación del Credo en latín y una bendición del Papa, deseando a todos un «buen peregrinaje de esperanza».








