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¿Quién es Paul Coakley, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos?

El arzobispo de Oklahoma ha puesto mucho énfasis en la defensa de la vida y en el apoyo al colectivo migrante. Considera que la voz de la Iglesia debe ser «fuerte y segura, pero al mismo tiempo prudente y pastoral»

En un momento sin duda crucial para la Iglesia que peregrina en los Estados Unidos, Paul Stagg Coakley (Norfolk, Virginia, 1955) acaba de ser elegido presidente de la Conferencia Episcopal del país norteamericano (USCCB), mediante voto secreto en la Asamblea Plenaria de Otoño que se está celebrando en Baltimore. Coakley es arzobispo de Oklahoma y se desempeñaba hasta la fecha como secretario de la institución. A sus 70 años, asume la presidencia de la Conferencia Episcopal por un trienio, sucediendo al arzobispo Timothy Broglio, vicario apostólico de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Nacido el 3 de junio de 1955 en Norfolk (estado de Virginia), el pequeño Paul se mudó junto a su familia a Luisiana a los dos años, para, a los diez, establecerse en Kansas. Allí, cursó sus estudios universitarios, obteniendo una licenciatura en Inglés y Antigüedades Clásicas, formando parte del Programa Integrado de Humanidades de la Universidad de Kansas.

Tras graduarse, emprendió un viaje por Europa (casi un tópico para los egresados estadounidenses) y «consideró brevemente una vocación monástica» en la abadía de Notre Dame de Fontgombault, en Francia. Sin embargo, finalmente regresó a su país para ingresar en el seminario de la diócesis de Wichita, en el año 1978. Completó su formación en el Mount Saint Mary’s Seminary de Maryland, siendo ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1983. Cuatro años más tarde, completó la licenciatura en Sagrada Teología de Espiritualidad Cristiana en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma.

En su labor pastoral, sirvió como sacerdote de la diócesis de Wichita durante 21 años, ocupando diversos puestos, incluido el de capellán, párroco y director de formación espiritual en el seminario Mount St. Mary’s. Ya en el siglo XXI, fue nombrado obispo de Salina en 2004, donde sirvió hasta que Benedicto XVI lo designó como cuarto arzobispo de la arquidiócesis de Oklahoma City, el 16 de diciembre de 2010.

Su lema episcopal es «Duc in altum» («Remar mar adentro»), tomado del Evangelio de san Lucas, donde Jesús invita a los apóstoles a «remar mar adentro» para echar las redes. El propio arzobispo describe esta propuesta como un llamamiento a la Iglesia para «remar mar adentro, como testigo de esperanza, para escuchar y responder gozosamente a su palabra con fe y confianza», así como para «abrazar los desafíos y oportunidades de la nueva evangelización».

Al aceptar de manera pública y oficial la presidencia de la USCCB, el arzobispo Coakley ha reiterado este compromiso, al declarar en sus redes sociales: «Me siento honrado por la confianza que mis hermanos obispos han depositado en mí al elegirme para servir como presidente de nuestra Conferencia Episcopal. Cuando me convertí en obispo, elegí como mi lema episcopal: ‘Duc in altum’. Una vez más, el Señor me invita a remar mar adentro al llamarme a aceptar este servicio y carga de liderazgo hoy. Lo acepto con fe y con gran esperanza. Pido las oraciones de todo el clero, religiosas y religiosos y los fieles de la arquidiócesis de Oklahoma City». Y ha solicitado oraciones que le motiven a ser «un fiel mayordomo y un sabio servidor de la unidad y la comunión con nuestro Santo Padre, el papa León, y con mis hermanos obispos y sacerdotes».

Antes de su elección como presidente, el arzobispo Coakley ha servido en varias comisiones de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, destacando su rol como presidente del Comité de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano (2019-2022) y presidente de la Junta Directiva de Catholic Relief Services (CRS) de 2014 a 2016.

A grandes rasgos, el arzobispo Coakley ha dejado para la hemeroteca un largo historial de defensa de la vida, así como de oposición a la ideología de género y apoyo a las personas migrantes. En materia provida, ha afirmado que continuará el liderazgo de su predecesor, manteniendo que el aborto es una «prioridad preeminente» a la hora de acudir a votar. Ya en 2022, elogió pública y notoriamente a los legisladores de Oklahoma por apoyar diversas medidas provida, explicando que, para construir una cultura de la vida, es necesario reconocer «la dignidad inherente de cada persona, y esto requiere las protecciones que brinda la legislación provida y un profundo cambio de corazón».

Anteriormente, en 2008 declaró que votar a un candidato que apoya un «mal intrínseco, como el aborto o el genocidio», requeriría una «razón moral proporcionalmente grave para ignorar tal defecto».

Del mismo modo, el arzobispo Coakley ha criticado el apoyo del gobierno de Oklahoma a la pena de muerte. En 2022, afirmó que «el uso de la pena de muerte solo contribuye al continuo embrutecimiento de la sociedad y a la espiral de violencia». Y en 2023, tras la ejecución del reo Anthony Sanchez, condenó el acto perpetrado por el estado, remarcando que «no importa cuán atroz sea el crimen que cometa una persona, esta no pierde su dignidad humana que le ha sido otorgada por Dios, el autor de la vida».

En relación con otras cuestiones ideológicas, en 2023 el arzobispo Coakley mostró abiertamente su preocupación por el aumento de la disforia de género y la promoción de la ideología de género. Tras la aprobación de un proyecto de ley de Oklahoma que prohibía la terapia hormonal y las cirugías de reasignación de género para menores de 18 años, escribió: «Siempre es desgarrador ver a un niño con dolor. No hay soluciones rápidas para la disforia de género, pero a través del amor incondicional, la paciencia y la humildad, las familias pueden navegar estos temas difíciles».

Y, por último, llegamos al tema que más se ha destacado, sobre todo por su oposición al gobierno federal de Donald Trump en materia de inmigración. Se trata sin duda de un tema prioritario para el nuevo presidente de la USCCB, quien ha criticado públicamente los intentos de deportaciones masivas, indicando que estas acciones están «creando miedo e incluso angustia para nuestros vecinos inmigrantes, migrantes y refugiados que han llegado en busca de los mismos sueños que esperaban a muchos de nuestros antepasados en un momento diferente».

Al mismo tiempo, el arzobispo también ha matizado que «la inmigración ilegal está mal, y se deben considerar esfuerzos renovados para proteger las fronteras de nuestra nación». Si bien ha señalado su preocupación por el tráfico de personas y drogas, ha sido muy firme en proclamar que la mayoría de las personas que ingresan ilegalmente «son miembros respetables de nuestras comunidades e iglesias, no criminales violentos».

En este sentido, Coakley ha reconocido que a la hora de abordar estos temas tan delicados el reto es ser «prudente y profético», afirmando que la Iglesia necesita ser una voz «fuerte y segura, pero al mismo tiempo prudente y pastoral», hablando con un lenguaje «arraigado en el Evangelio y en nuestra propia enseñanza social católica».

Precisamente, para remarcar la postura de los prelados norteamericanos en materia de inmigración, el obispo Daniel Flores, de Brownsville, Texas, ha sido elegido también para servir como vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. De 64 años, asumirá también un mandato trienal, sucediendo al arzobispo William Lori. Flores, quien es obispo desde 2006 y posee un doctorado en Teología Sagrada, se desempeña en la diócesis más meridional de Texas. Además de haber sido expresidente del Comité de Doctrina de la USCCB, Flores es uno de los promotores de la sinodalidad en la Iglesia y sirvió como uno de los 12 obispos en el Consejo Ordinario del Secretariado General del Sínodo sobre la Sinodalidad.

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