Queridos hermanos:
El tradicional Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz del día 1 de enero este año lleva por título “Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz”. Es una frase que repetimos cada vez que rezamos en el del Padrenuestro. Pero para entender el mensaje del Papa mejor, conviene recordar cómo lo rezábamos hace unos años. Si recuerdan, decíamos: “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. La palabra “ofensa” se refiere a un daño sufrido, la palabra “deuda” indica una obligación contraída con alguien. La ofensa es el pecado que cometemos, y la deuda que contraemos es la “pena” que nos queda, aunque se nos perdone el pecado. La indulgencia del Jubileo nos perdona también las penas que pesan sobre nosotros por las ofensas cometidas, y esto –dice el Papa– es fuente de paz verdadera.
Algunas “deudas”, monetarias o morales, son imposibles de pagar: duran toda la vida llegando a esclavizar a las personas. Solo se pueden condonar. Algunos, por mucho que trabajen y se empeñen, no ganan lo suficiente para pagar una hipoteca, y hay países que nunca podrán salir del agujero porque deben más de lo que pueden llegar a tener.
El Jubileo nos dice que nadie viene a este mundo para vivir oprimido por el peso de sus deudas para siempre. Tiene que haber un límite, una medida, la medida del ser humano, en que uno se pueda declarar en bancarrota y ser liberado de las cargas. Hay situaciones que amenazan a la humanidad de las personas y, por tanto, son injustas por muy ajustadas a derecho que aparezcan.
El Papa llama nuestra atención en su mensaje sobre algunas “estructuras de pecado” que oprimen a las personas y perpetúan situaciones de explotación de la tierra y de opresión del prójimo con una complicidad generalizada y desapercibida de todos. Apunta, en concreto, a las escandalosas desigualdades entre personas y países, al trato inhumano y sin derechos que reciben los migrantes, a la explotación desbocada del ambiente, a la manipulación interesada de la información con falsas noticias que destruyen a las personas, a la corrupción institucionalizada, a la cerrazón por principio al diálogo, a los gastos desmedidos en armamento… Son engranajes que nos aprisionan, pero son tan complejos y están tan normalizados en la sociedad, que no basta la buena voluntad para afrontarlos. “Se necesitan cambios culturales y estructurales”, dice el Papa.
El cambio cultural y estructural que propone el Santo Padre consiste en mirar a Dios y reconocernos todos hijos del Padre y hermanos entre nosotros, y confesarnos todos “deudores” y necesitados los unos de los otros, aunque cada uno sea diferente de los demás. En este año jubilar, Dios está dispuesto al perdón de todos nuestros pecados y a condonar nuestras deudas, con una generosidad que, más allá del resarcimiento, busca dar una nueva oportunidad a quien ha caído, sanar las heridas que no se cierran por sí solas y romper las cadenas que oprimen y esclavizan. El Papa nos recuerda que los bienes de la tierra no están destinados sólo a algunos privilegiados, sino a todos en una lógica de solidaridad y de interdependencia.
Ciertamente es un mensaje de paz y de esperanza, fruto de la misericordia de Dios, para cuantos viven postrados, condenados de por vida, sin posibilidad de salir del abismo en que se encuentran.
El Papa propone tres acciones que puedan restaurar la dignidad y la esperanza de los más desfavorecidos de la tierra. Piensa a lo grande con un proyecto para toda la humanidad:
1. La condonación de la deuda de los países pobres que no están en condiciones de devolver lo que deben y, al mismo tiempo, el desarrollo una nueva estructura financiera fundada en la solidaridad entre los pueblos.
2. La eliminación de la pena de muerte en todas las naciones y el respeto de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, de modo que surja en el corazón de los más jóvenes el deseo de generar otras vidas.
3. Acabar con el hambre en el mundo y promover el desarrollo sostenible de todas las naciones mediante un Fondo mundial creado con parte del dinero que se gasta en armamentos.
“La paz no se consigue solo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado”.
¡Feliz año nuevo 2025!







