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Profesores de Religión en Medjugorje: una peregrinación para aprender a acompañar

Un grupo de 35 docentes de Religión y educadores cristianos ha peregrinado este verano a Medjugorje en una experiencia organizada por La Missio junto a Tecum Viajes. Según la organización, es la primera vez que un grupo de profesores de Religión realiza un viaje de estas características al santuario.

La propuesta no se planteó como turismo religioso, sino como un itinerario de formación y acompañamiento pensado desde la realidad del aula: cómo acompañan estos docentes, día a día, a los alumnos que tienen delante. Durante el viaje estuvieron presentes Jesús García Colomer, director de una película sobre Medjugorje, que ayudó al grupo a poner rostro e historia a los testimonios del lugar, y el padre Roberto Mora, sacerdote de La Missio especializado en acompañamiento espiritual, que ofreció un espacio para discernir y rezar a partir de lo que cada participante iba viviendo.

Un itinerario con doble lectura

El recorrido comenzó en Madrid y continuó hasta Dubrovnik, desde donde el grupo se trasladó a Medjugorje para visitar la Colina de las Apariciones, la Cruz Azul y el Križevac, además de participar en la Adoración, el Rosario y las celebraciones litúrgicas propias del santuario. También hubo tiempo para Tihaljina, Mostar y la propia Dubrovnik.

Cada parada, sin embargo, se planteó con una segunda intención pedagógica. La subida a la Colina de las Apariciones se propuso como ejercicio de caminar y rezar en silencio. El Križevac ofreció la posibilidad de hacer el Vía Crucis, pero también de aceptar que no todos suben al mismo ritmo ni por el mismo camino, una imagen que conecta directamente con lo que significa acompañar a un alumno sin forzarlo a llegar donde uno querría.

La visita a la Comunidad Cenáculo permitió escuchar testimonios de personas que han atravesado procesos de recuperación y transformación personal. En la Aldea de la Madre, fundada por el padre Slavko Barbarić y dedicada a la acogida y educación de niños en situación de vulnerabilidad, el grupo se acercó a una dimensión más cotidiana del acompañamiento: la que se traduce en cuidado diario y en dar una segunda oportunidad.

Lo que cuentan los participantes

Juan Echeverría y Pablo Coronado, responsables de la www.lamissio.org destacan que la mejor forma de entender lo ocurrido es a través de lo que cuentan los propios profesores.

María Hernández llegó «abierta y con curiosidad» y resume así su regreso: «Me marcho confirmada en la fe». Entre lo que más le ayudó menciona los ratos de Adoración en la explanada, el ambiente del grupo y la visita al Cenáculo. A quien dude en apuntarse le diría: «Ábrete y Dios te hablará».

José Antonio Pérez tenía una motivación distinta: quería «tocar» aquello que ya conocía por los libros. Volvió, según sus propias palabras, «con la certeza de ser inmensamente amado», y se queda sobre todo con el ambiente de sosiego que encontró en Medjugorje pese a la afluencia de peregrinos.

Fernando Salvador lo resume de forma más sencilla: buscaba paz y oración antes de viajar, y regresó «con eso y mucho más», gracias en buena parte al ambiente creado durante la peregrinación.

Carlos Beltrán se quedó con algo que puede sorprender en alguien dedicado a educar: la fe de personas llegadas de lugares muy distintos del mundo. Fue a Medjugorje buscando crecer en la fe y volvió sintiendo que esa expectativa se había cumplido.

Otro de los participantes resume la diferencia entre hacer turismo religioso y peregrinar con una frase que vale como síntesis de toda la experiencia: «Por fuera no es demasiado especial; por dentro se palpa la fe».

El valor de sentirse acompañado

Para varios docentes, lo más valioso no fueron los lugares, sino el grupo: encontrarse con otros profesores que viven la misma realidad en el aula. El trabajo de un profesor de Religión suele vivirse de forma bastante individual —cada uno en su centro, con sus alumnos y sus circunstancias— y compartir la fe con compañeros en la misma situación ayudó a varios participantes a «reilusionarse» con su misión, en palabras de uno de ellos.

Durante unos días, además, ocurrió algo poco habitual: los que normalmente acompañan a otros —a sus alumnos, en el día a día del aula— fueron ellos los acompañados.

María como modelo de acompañamiento

La elección de María como eje de la experiencia tampoco fue casual. La propuesta de La Missio parte de contemplarla como una mujer que acompaña sin ocupar el centro: que escucha, respeta los procesos, no pretende controlar el camino del otro y permanece cuando aparecen las dificultades. Actitudes con una aplicación directa en la tarea de educar, y en particular en la educación en la fe.

Por eso el proyecto no se limitó a los días de peregrinación. La Missio diseñó la experiencia en tres fases —antes del viaje, durante la peregrinación y después del regreso— con un objetivo concreto: que lo vivido no quedara reducido a una experiencia emocional intensa que se fuera diluyendo con la vuelta a la rutina, sino que se convirtiera en criterio educativo real para el curso que empieza.

De vuelta al aula

Ahora toca volver a las clases y es probablemente ahí donde se comprobará el verdadero resultado de esta peregrinación. Entre las respuestas de la encuesta hay quien regresó con el deseo de avanzar hacia la santidad, quien habló de dejar sus preocupaciones en manos de Jesús y María, y varias que apuntan directamente a la educación: volver con una mirada capaz de influir positivamente en la manera de educar y evangelizar.

“Vete si te sientes llamado”, resume uno de los participantes cuando se le pregunta qué le diría a alguien que dudara en apuntarse. Con el curso a punto de empezar, estos profesores vuelven a las aulas con una pregunta pendiente: no solo cómo vivir mejor la propia fe, sino cómo acompañar la fe de los demás.

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