Con el bebé sin respiración y de color azul, el médico español que atendía el parto de urgencia invocó a su paisano de Almería, quien había sobresalido especialmente durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863. Contra todo pronóstico y explicación, el bebé salió adelante
El papa León XIV ha autorizado la promulgación de sendos decretos por parte del Dicasterio para las Causas de los Santos, abriendo oficialmente el camino a la beatificación del Venerable Siervo de Dios Salvador Valera Parra, tras reconocerse oficialmente un milagro atribuido a su intercesión. Esta decisión fue comunicada el 17 de marzo de 2021, tras la audiencia concedida por el papa Francisco al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio.
El milagro en cuestión hace referencia a la asombrosa e inexplicable recuperación de un niño nacido el 14 de enero de 2007 en el Memorial Hospital de Rhode Island, en los Estados Unidos. Su madre había sido ingresada debido a la rotura de la bolsa amniótica, con el bebé presentando un ritmo cardíaco fuera de los parámetros clínicos, lo que llevó a la inducción artificial del parto. Posteriormente, se realizaría una cesárea ante el diagnóstico de corioamnionitis —infección e inflamación de la placenta y el líquido amniótico—, con el feto en deficiencia de oxígeno.
En este contexto, el recién nacido llegó al mundo prematuro, cianótico —de color azul—, sin respiración, con baja frecuencia cardíaca y sintomatología de apnea secundaria. Una hora después del parto, no mostraba signos de mejora y los médicos no percibían latido cardíaco. En ese momento de extrema urgencia, el médico que los trataba —español de origen— invocó a su paisano Salvador Valera Parra, hacia quien sentía una sincera devoción, y, con una oración espontánea, pidió su intercesión para salvar la vida del pequeño. Poco después, sin intervención externa alguna, el neonato recuperó el latido cardíaco y comenzó a reanimarse.
Al día siguiente, fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos neonatales, donde permaneció 15 días con un diagnóstico de encefalopatía hipóxico-isquémica, lo que llevó a los médicos a estar seguros de que sufriría graves daños en su desarrollo, como parálisis cerebral o retraso mental. Sin embargo, a pesar de la sintomatología clínica, el pequeño presentó actividad espontánea de manera difícilmente explicable. El 19 de enero, comenzó una mejora progresiva de su cuadro neurológico y de comportamiento. El 1 de marzo de 2007, fue dado de alta de la UCI neonatal y trasladado a otro hospital, debido a una colectomía —extirpación total o parcial del colon—. El 3 de abril, el neonato fue dado de alta, y en las visitas de control posteriores se constató un desarrollo psicomotor normal, hablando a los 18 meses y caminando a los 2 años. El niño, llamado Tyquan, continuó su crecimiento como un niño normal, y lleva una vida regular en la que practica deporte con frecuencia.
Salvador Valera Parra fue un sacerdote diocesano, arcipreste y párroco de Huércal-Overa. Nacido, precisamente, en esta localidad de Almería el 27 de febrero de 1816, falleció también allí en 1889. Ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1840, a lo largo de su ministerio sacerdotal se desempeñó como vicepárroco y párroco en su tierra natal, así como en el rol de capellán. También fue párroco en San Lázaro, en Alhama de Murcia, y en la iglesia de Santa María de Gracia, en Cartagena. En total, su ministerio como párroco en Huércal-Overa duró 37 años, en los que se distinguió por numerosas obras de carácter espiritual y social.
Su caridad sobresalió especialmente durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron gran destrucción y víctimas. También colaboró activamente en la extinción de incendios, así como en la recaudación de fondos para ayudar a los necesitados. En 1885, fundó una casa de acogida y atención para ancianos junto a santa Teresa Jornet, Fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Abandonados, con quien mantuvo contacto directo. Por su servicio, recibió condecoraciones civiles como caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y la Orden Civil de Carlos III.
Fue un hombre de profunda fe, dedicado a la oración, la pobreza más absoluta, la austeridad, la penitencia y el ayuno. Practicó la caridad hacia los demás, poniéndose al servicio de los más desfavorecidos y acogiendo a los pobres en su propia casa. Su obispo lo señalaba habitualmente como un modelo de vida y virtudes sacerdotales para quienes aspiraban al sacerdocio. En su humildad y silencio, se ofreció completamente, siendo conocido como «el Cura de Ars español». Las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza), junto con las anexas, han sido probadas en grado heroico en su vida.
Además del reconocimiento del milagro de Salvador Valera Parra, el Dicasterio para las Causas de los Santos también ha autorizado la promulgación de decretos sobre el martirio de 124 fieles católicos en España durante la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado. Estos casos incluyen el martirio de Manuel Izquierdo Izquierdo, sacerdote diocesano, y 58 compañeros de la diócesis de Jaén, quienes fueron asesinados entre 1936 y 1938 en diversos lugares de España, «en odio a la fe»; y el martirio de Antonio Montañés Chiquero, sacerdote diocesano, y 64 compañeros de la misma diócesis de Jaén, quienes también fueron asesinados entre 1936 y 1937, «en odio a la fe», en diferentes lugares de España y dentro del mismo contexto de persecución.








