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Revitalizar la vida cristiana

Con motivo de la publicación del nuevo catecismo de adultos Buscad al Señor, las páginas de ECCLESIA recogen algunos testimonios de aquellos que se preparan para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana siendo ya mayores de edad. Los motivos son diversos, como los casos que presentamos, pero existe una realidad esperanzadora: crece el número de adultos que se acerca a la Iglesia pidiendo el Bautismo. Hasta 3.000 al año en nuestro país, que está iniciando una tendencia mucho más fuerte en países tan secularizados como Francia. Y, lo más importante, la gran mayoría lo hace después de un encuentro con Cristo y, por tanto, no para cumplir un trámite —el propio camino, de varios años, desacredita esta posibilidad—, sino para profundizar en las verdades de fe y llevar una vida coherente con ellas.

Pudiera parecer una paradoja, pero esta realidad esperanzadora es fruto de algún modo de la secularización creciente de nuestra sociedad. Los adultos que se bautizan hoy son niños a quienes sus padres negaron el sacramento años atrás. Y por eso es importante que ahora, en este momento, la Iglesia en nuestro país haya apostado por un catecismo para estas personas que sigue fielmente el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos. Porque la sed de Dios se abre camino, sean cuales sean las circunstancias.

Es cierto que el primer anuncio en el contexto cultural en el que vivimos, en el que mucha gente no conoce la fe, es importante, pero tanto como que, tras el contacto inicial, haya un camino marcado que acreciente el deseo de Dios. Y eso se hace conociendo la historia de salvación de Dios, que es una historia actual y real.

Este proceso servirá, además, para purificar el modo en que se ha impartido la catequesis en la Iglesia, en ocasiones, muy centrado en el sacramento, como si fuese el punto final de un itinerario, y olvidando que es un camino en el que el encuentro con Jesús es el centro. El propio recorrido del catecumenado de adultos así lo manifiesta, y la última etapa, la mistagogia, es posterior al Bautismo, la Confirmación y la Comunión.

Además, la propuesta de la Iglesia puede ser una ocasión, y así se busca, para revitalizar la vida cristiana de tantos, cuya fe se quedó anclada en la adolescencia y necesita una descarga eléctrica. La fe adulta de sus miembros tiene, además, muchas consecuencias para la comunidad cristiana —el compromiso a todos los niveles, el testimonio y la evangelización, la caridad…— y también para la sociedad. Por eso es importante que la catequesis nunca se detenga y recorra toda la vida.

Así lo decía san Juan Pablo II en la exhortación apostólica Catechesi Tradendae, de 1979, aunque son palabras que están plenamente en vigor: «El mundo en el que los jóvenes están llamados a vivir y dar testimonio está gobernado por los adultos: la fe de estos debería igualmente ser iluminada, estimulada, renovada sin cesar con el fin de penetrar en las realidades temporales de las que son responsables. La catequesis ha de ser permanente y sería vana si se detuviera en el umbral de la edad madura».

La vida actual, dominada por la prisa, la sobreabundancia y la soledad, necesita de Dios. Él es el único que puede saciar el deseo de felicidad. Y este tesoro es para todos: niños, jóvenes y adultos. 

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