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Así se monta y desmonta una sala relicario del siglo XVII

Alcalá de Henares acoge en el monasterio de San Bernardo más de 200 reliquias de santos y beatos como san Agustín o santa Catalina de Siena

Gracias a Rosalía, la palabra «reliquia» entró hace unos meses en las conversaciones de millones de personas. En noviembre, publicó una canción con ese título, mientras, en Alcalá de Henares, un grupo de restauradores tenía en sus manos 259 reliquias de santos y beatos. Las tenían, eso sí, bien protegidas y empaquetadas en una estancia del monasterio cisterciense de San Bernardo —acoge la Casa Sacerdotal de la diócesis—, junto al palacio arzobispal de Alcalá de Henares. Esperaban a ser colocadas en una sala relicario que en septiembre había sido transportada, pieza a pieza, desde Boadilla del Monte, concretamente, desde el monasterio, también cisterciense, del Santísimo Sacramento. 

La sala relicario, Bien de Interés Cultural declarado por la Comunidad de Madrid en 2024, guarda reliquias, entre otros, de santa Catalina de Siena, san Valentín, san Buenaventura, san Agustín, santa Bárbara, san Ambrosio, santa Brígida, san Venancio, san Vicente Ferrer o san Antonio de Padua. En palabras de monseñor Prieto Lucena, obispo de Alcalá, «se trata de una de las mejores colecciones de reliquias conservadas en España».

El proceso comenzó tras el contrato de donación firmado ante notario, en abril de 2025, entre la Orden Cisterciense y la diócesis. Con ello, esta sala relicario del siglo XVII se trasladaba a la ciudad complutense, donde se dispondría una gran estancia de casi 70 metros cuadrados para instalación: cuatro paredes cubiertas por una estructura de madera dorada donde se ubican las reliquias, y una techumbre decorada con pintura. Se trata de uno de los escasos relicarios de conventos y monasterios ubicados en una estancia especialmente diseñada para exponer reliquias de santos.

El primer paso fue el desmontaje en Boadilla del Monte, donde se tuvo que hacer una documentación fotográfica, para asegurar la colocación inicial de estas reliquias y empezar a desmontarlas, bajarlas y guardarlas en cajas, embalándolas una vez protegidas. También hubo que etiquetar y enumerar la estructura de madera, explica Sofía Sobremonte, restauradora de Batea Restauraciones, la empresa burgalesa encargada del trabajo. 

Luego, las piezas cruzaron la Comunidad de Madrid en un camión con adecuadas condiciones de humedad y temperatura para evitar que sufrieran daños tales como grietas. Los lienzos del techo se llevaron a Burgos, donde se realizó un «sentado de la policromía con cola de conejo y papel japonés, que luego se planchó para eliminar las arrugas y las estrías, y se limpió el reverso», indica Ana Peñacoba, otra restauradora. Y añade que los lienzos se pondrán sobre un soporte de policarbonato, ligero y resistente, con adhesivo sintético.

Ya en Alcalá, cuando ECCLESIA visita los trabajos, las cuatro paredes de la sala relicario han tomado forma y, al estar en el centro de la estancia, uno siente aislamiento y oscuridad, ya que solo está iluminada por los focos de los restauradores. También podría darse un silencio total, pero es imposible, porque el equipo no cesa en su tarea de subir y bajar por el andamio para colocar piezas, fijar las paredes de madera a los muros o cortar listones. De esta última labor se encarga Andrés Amo Alonso, ebanista, que traza líneas sobre la madera de pino del s. XXI que sostendrá las piezas del XVII. A ello le ayuda Fernando Zamanilllo, gerente de la empresa, que sitúa un medidor láser de color verde para salvar las incidencias del suelo inclinado.

Entre todos, han logrado encajar la sala dentro de un espacio de mayores dimensiones. «Estamos haciendo una armadura de madera, porque la sala es un poco más grande y hay dos paredes que no se sustentan en ningún lado», afirma Amo. En los pedestales y peanas se colocarán los relicarios, con una o más reliquias cada uno. De todo tipo y tamaño. 

Ignacio Figueroa, rector del monasterio, explica que este relicario es «un regalo de la Providencia». Y agrega: «Lo cierto es que era algo desconocido para el gran público hasta el año pasado. Y, así, algo desconocido, recién declarado Bien de Interés Cultural, algo que ha estado vinculado al Císter durante siglos, viene a Alcalá y se pone a disposición de todo el que lo quiera visitar. Es un regalo para nosotros, para la ciudad y para todos los que deseen venir a verlo». 

Las piezas más destacadas

Dentro del conjunto de piezas que componen esta sala relicario destacan tres por su notable calidad: un armario-oratorio con retablo y reliquias de taller italiano, fechado en el primer tercio del s. XVII, en madera de ébano, bronce dorado, hueso, cobre, vidrio y piedra; un mueble retablo del altar mayor, anónimo italiano del primer tercio del XVII, de madera, cobre, cristal, pigmento, metal y marfil; y un oratorio con cobre de la Adoración de los Magos, italiano del primer tercio del siglo XVI. 

Otro tipo de relicarios que puede encontrarse en esta lipsanoteca son brazos relicarios, pirámides, así como también en forma de sarcófago, de tipo custodia y de tipo farol, estos dos últimos, de talleres madrileños. Se conservan también de tipo vaso o ampolla y relicarios teca, que en origen eran para ser llevados colgados del cuello.

Una vez terminado el acondicionamiento, la sala formará parte de un museo. Su apertura está prevista para febrero. Mientras uno abandona el lugar y regresa al mundo ruidoso, Sofía, Ana, Andrés y Fernando vuelven a concentrarse en el montaje. Tras la visita de ECCLESIA, regresarán a la sala relicario satisfechos por su trabajo, mientras Rosalía planifica su gira mundial. «Si quiere venir a grabar aquí el videoclip de Reliquia, genial…», bromean. 

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