Según Pablo VI, la vida y obra de esta doctora de la Iglesia «parecen desbordar las líneas descriptivas en las que uno quisiera encerrarlas»
Casi 510 años después de su nacimiento, santa Teresa de Jesús, Teresa de Ávila, sigue dando que hablar. Hace unas semanas, tras la apertura del sepulcro que custodia sus restos, se comunicó que estos permanecen incorruptos. Siguen igual que hace 110 años. Pero al mismo tiempo que su figura, como se suele decir, no pierde actualidad, el vértigo asoma a quien se acerca a una personalidad cumbre para escribir sobre ella. Ya lo advirtió Pablo VI en la ceremonia de proclamación de la santa andariega como Doctora de la Iglesia, cuando dijo que su vida y obra «parecen desbordar las líneas descriptivas en las que uno quisiera encerrarlas».
Podríamos contar aquí que perdió a su madre muy joven o que sufrió la enfermedad. Que Teresa es mística, escritora, reformadora, fundadora, maestra. Santa. La primera mujer en convertirse en Doctora de la Iglesia. Que su obra es monumental en todos los sentidos. Algunos ejemplos: Libro de la vida, Camino de Perfección, Castillo Interior o Libro de las Fundaciones.
Pero, entre todas estas aportaciones, este texto quisiera resaltar su contribución como «maestra de vida espiritual», en una de las definiciones que dio de ella Pablo VI. «Una de las cimas de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos», señaló Benedicto XVI en una hermosa catequesis que dedicó a la santa andariega el 2 de febrero de 2011. Esta, recogida en Grandes mujeres en la historia de la Iglesia (EDICE), señala cinco claves:
· Las virtudes evangélicas como base de toda vida cristiana. Entre ellas, cita Benedicto XVI, «el desapego de los bienes, el amor, la humildad como amor a la verdad, la determinación y la esperanza».
· La sintonía con los personajes bíblicos y la escucha de la Palabra de Dios: «Se siente en consonancia con la esposa del Cantar de los cantares y con el apóstol Pablo».
· La importancia de la oración, que es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama». Dice el Papa que la santa «enseña a orar al lector rezando ella misma con él».
· La centralidad de Cristo: «La vida cristiana es la relación personal con Jesús».
· Y la perfección, «como aspiración de toda la vida cristiana y meta final de la misma».
Por todo ello, Benedicto XVI dice que Teresa de Jesús es «maestra de vida cristiana para los fieles de todos los tiempos». Ella «nos enseña a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción; nos enseña a sentir esta sed de Dios que existe en lo más hondo de nuestro corazón, este deseo de ver a Dios, de buscar a Dios, de estar en diálogo con él y de ser sus amigos».
Coincide el papa Francisco al reivindicar su encuentro con Dios, la perseverancia en la unión con él por la oración y la realización de la misión que Dios le encomendó (Videomensaje al Congreso Mujer excepcional. Cincuenta años del doctorado de Santa Teresa de Jesús).








