En una entrevista con Alfa y Omega, subraya que el Papa no ha cambiado: «El hombre que hemos conocido todos es el mismo: cercano, tranquilo, con una gran capacidad de escucha y que siempre está disponible»
El secretario personal del papa León XIV, Edgard Iván Rimaycuna Inga, ha manifestado que la visita del Pontífice a España —del 6 al 12 de junio— será un signo de agradecimiento y cercanía a nuestro país: «Quiere reconocer en esta visita, con un signo de cercanía y agradecimiento, todo lo que desde aquí se ha ofrecido al mundo y a la Iglesia en la fe y en la vida cristiana».
En una entrevista de Cristina Sánchez en el semanario Alfa y Omega, el sacerdote peruano, de paso por Madrid para estar presente en la defensa de la tesis doctoral de un compañero, explica que mostrará la cercanía del pastor a su pueblo, y, en concreto, a esta tierra, que «se ha caracterizado por dar muchos santos, de gran autoridad y peso en la Iglesia, por su doctrina, por la santidad de vida».
Rimaycuna también habla de cómo es el Pontífice y de que todo lo que era permanece ahora que es Papa. No ha cambiado. «Ha cambiado solo la vestimenta, que ahora es blanca, y el encargo. El hombre que hemos conocido todos es el mismo: cercano, tranquilo, con una gran capacidad de escucha y que siempre está disponible. A pesar del volumen de trabajo, del ritmo, de las actividades, siempre encuentra tiempo para atender, para escuchar», explica.
También destaca que es sobrio, «siempre prudente, tranquilo, con paciencia», y sabe combinar la prudencia y la practicidad americana con la cercanía aprendida en Latinoamérica.
Sobre su papel como secretario, destaca que su misión es ayudarle en su trabajo diario y protegerlo para que lo haga con tranquilidad. También le compete ayudarle a buscar y conseguir el descanso necesario para llevar a cabo su misión de guiar a la Iglesia.
Está convencido de que debe estar en un segundo plano, en la sombra: «A lo largo de estos meses he estado pensando en dos ideas, sobre todo en la imagen de dos santos que encontramos en la Sagrada Escritura. La primera, la de san José, que es el santo del silencio; no dice ninguna palabra. Toda su vida fue estar en segundo lugar, porque los primeros lugares los tenían siempre María y Jesús. Y la otra figura es san Juan Bautista. Él tiene una frase que dice que «conviene que yo disminuya y que él crezca»».








