Gloria Rodríguez, consagrada del Regnum Christi, es la responsable de la nueva Oficina de Entornos Seguros de la CONFER, que ayudará a las congregaciones y ofrecerá atención a víctimas
Cuando Gloria Rodríguez se convirtió en la primera directora de las consagradas del Regnum Christi —en pleno terremoto por los casos de abuso en la institución, incluido su fundador— tuvo que llamar a muchas puertas para pedir a otros que iluminasen a esta sociedad de vida apostólica sobre cómo estaban viviendo la relación con la autoridad, la obediencia o la relación fraterna. Ya entonces tenía claro que hacía falta un cambio de cultura que propiciase entornos seguros. Precisamente, estas dos palabras forman parte esencial de la nueva encomienda de esta consagrada, además psicóloga y con amplia experiencia en el acompañamiento humano y espiritual. Gloria Rodríguez es la responsable de la Oficina de Entornos Seguros de la CONFER, lanzada a finales de febrero. Ahora le tocará a ella ser la persona a la que llamen las congregaciones para crecer en una cultura del buen trato y libre de abusos, pero también la que estará atenta a las víctimas.
Este nuevo paso es el fruto de varios años de trabajo en el seno de las congregaciones religiosas que forman parte de la CONFER. Estas han dado pasos importantes, reconocen desde la institución, en la toma de conciencia de sus responsabilidades, colaborando estrechamente con la justicia y con los organismos tanto civiles como eclesiales.
«La CONFER, en su esfuerzo por estar al lado de las víctimas de abusos, desea seguir pidiendo perdón y mantiene su compromiso con la erradicación de esta lacra. Nos importa atender bien a las víctimas con sus procesos de reparación, atención psicológica necesaria, etc.», recoge la nota publicada con motivo de la puesta en marcha de la citada oficina.
Según explica en conversación con ECCLESIA Gloria Rodríguez, este nuevo órgano de la CONFER tiene dos objetivos. En primer lugar, acompañar a las congregaciones tanto en la prevención como en la intervención, pues algunas tienen ya un largo recorrido y estructuras amplias, pero hay otras, más pequeñas, que no están al mismo nivel. Además, se ofrecerá atención y escucha a las víctimas, pero no para hacer con ellas todo el proceso, sino para encauzarlas a recursos ya existentes. En este sentido, reconoce que ya han tenido contactos con la Asociación Betania y con el proyecto Repara, de la archidiócesis de Madrid.
A Gloria Rodríguez la mueven en esta tarea las víctimas. «Es la principal razón por la que estoy aquí. La primera vez que escuché a una víctima de abuso sexual —no era en un entorno religioso—, vi el daño tan grande que había sufrido. En un entorno religioso, además, se rompen más campos, la visión del mundo y de Dios», explica. Confiesa que en la Iglesia no siempre se las ha atendido bien, pues las instituciones, en ocasiones, «no han ofrecido escucha ni credibilidad» y «se ha tardado mucho en proponerles procesos de reparación». «Mi experiencia me dice que hay mucho dolor que necesita ser atendido terapéutica e institucionalmente», reafirma. Por eso, tiene claro que, a la hora de prevenir, hay que pensar en las víctimas, igual que al ofrecer formación a las instituciones. «El que imparta esas materias debe tener conciencia de lo que viven las víctimas, su sufrimiento. Tener conciencia de esto nos hace ver que no da igual cualquier cosa que hagamos», recoge.
También afirma que lo más importante es escuchar qué necesita cada víctima, los aspectos necesarios que contribuyan al proceso de justicia y sanación. Pueden ser diferentes en cada caso. «Necesitan respeto, que se valide y crea en su sufrimiento y plantear un proceso y decidir cómo se la ayuda y se la repara de forma integral», recalca, en definitiva.
Por su experiencia en el Regnum Christi, donde tuvieron que hacer un análisis de cómo eran las relaciones y los modelos de obediencia, cree que todas las congregaciones deberían también mirar hacia adentro. Y, así, revisar la historia, constituciones de congregaciones antiguas y nuevas e iluminar la relación con la autoridad y las relaciones y el trato en la comunidad. Esto es clave, dice Rodríguez, pues, además de personas que abusan, hay entornos que pueden propiciar los abusos. «Hay personas que viven muy aisladas durante las épocas de formación, sin contacto con la familia ni con otras fuentes de espiritualidad, y sin conocimiento de otras realidades. Si llega una persona manipuladora, caerá, porque no tiene otra visión y es vulnerable», explica.
La Oficina de Entornos Seguros de la CONFER también abordará la cuestión del abuso de poder. De hecho, el mismo nombre de la oficina indica que el abordaje de la cuestión de los abusos es integral. «Todo abuso sexual viene precedido por un abuso de poder o de autoridad. Siempre hay abuso de poder. Queremos prevenir el abuso sexual, pero también que haya una cultura del buen trato. El abuso de poder y de conciencia en las congregaciones es un tema que está presente y que tenemos que trabajarlo más».








