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«¿Seré yo?»: el Papa León XIV llama a reconocer la fragilidad como inicio de la salvación

En la audiencia general de esta mañana, el Pontífice ha meditado sobre la traición anunciada en la última cena y la pregunta que abre el corazón a la misericordia.

En la audiencia general de este miércoles, el Papa León XIV ha llevado a los fieles a una de las escenas más sobrecogedoras de los Evangelios: la Última Cena, en el instante en que Jesús anuncia que uno de sus discípulos lo traicionará. Citando el relato de san Marcos –«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo» (Mc 14,18)–, el Pontífice ha destacado que no se trata de una denuncia pública para humillar, sino de un acto de amor que no renuncia a la verdad.

En un ambiente cargado de silencio y tristeza, la reacción de los Doce es inmediata: «¿Seré yo?» (Mc 14,19). Para el Papa, esta pregunta encierra una sinceridad radical: no es la del inocente que se sabe libre de culpa, sino la del discípulo consciente de su fragilidad. «Es el susurro de quien, queriendo amar, sabe que puede herir», ha señalado. Reconocer esa vulnerabilidad es el punto de partida de toda conversión.

León XIV ha subrayado que la tristeza de los discípulos no se convierte en indignación, sino que abre un espacio para la conversión. «El Evangelio no nos enseña a negar el mal, sino a reconocerlo como ocasión dolorosa para renacer», ha explicado, invitando a ver en las advertencias de Jesús no maldiciones, sino lamentos compasivos. Incluso la frase más dura –«¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» (Mc 14,21)– debe leerse, ha dicho, como un grito de dolor ante el mal que destruye el sentido de la vida.

Dios no abandona la mesa del amor

El Papa ha insistido en que Dios, frente a la traición, no responde con venganza, sino con tristeza. Aun conociendo la fragilidad de sus amigos, Jesús permanece en la mesa, parte el pan y comparte el vino incluso con quien lo entregará. «Esta es la fuerza silenciosa de Dios: no abandona nunca la mesa del amor, ni siquiera cuando sabe que lo dejarán solo», ha afirmado.

Concluyendo su catequesis, León XIV ha invitado a todos a hacer suya la pregunta de los discípulos –«¿Seré yo?»– no para caer en la culpa, sino para abrir el corazón a la verdad y a la misericordia. «Aunque podamos fallar, Dios nunca nos falla. Aunque podamos traicionar, Él nunca deja de amarnos», ha asegurado. Y ha recordado que, acogiendo este amor «humilde, herido, pero siempre fiel», es posible renacer y vivir como hijos siempre amados.

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