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Sexto Faro para la Esperanza: familia numerosa, el don de acoger la vida con generosidad

Esta iniciativa de la Conferencia Episcopal Española se acerca este mes a la familia de Juan Ramón del Amo y Patricia de Palacios con sus 12 hijos

El sexto Faro para la Esperanza de esta serie lanzada por la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española en el marco del Jubileo 2025 está centrado en el testimonio de Juan Ramón del Amo y Patricia de Palacios, padres de 12 hijos.

La casa de Juan y Patricia, a las afueras de Madrid, no es precisamente ordenada. La clave, explican, no es obsesionarse con que todo funcione, sino saber que todo está en manos de Dios. Por eso, señala Juan, a lo largo de su vida han tenido muchas preocupaciones, pero no miedo, porque saben que Dios es bueno. «Nosotros les inculcamos lo que vivimos nosotros y es que Dios nos ama, no hay otra cosa más importante», dice en la entrevista emitida en el programa de TRECE Ecclesia al día.

La llegada de los 12 hijos a lo largo de los años ha marcado el ritmo familiar. «Cuando tienes el primer hijo y lo experimentas, te olvidas de todos los planes que has tenido de una casa grande, de un cochazo, de dedicar tu tiempo al trabajo, todo eso no vale nada al lado de tener un hijo». Patricia está convencida de que dedicarse a criar a sus hijos en casa es lo mejor que ha hecho en la vida, aunque en ocasiones haya dudado de si tenía que trabajar. La llegada de cada hijo, uno a uno, le ha demostrado de que era la misión más importante, cuidarlos y educarlos para llevarlos al cielo.

Como recuerda su marido, «la familia cristiana tiene una misión, no vive para sí misma, somos una imagen delante del mundo, somos necesarios también». Son conscientes de que lo que tienen entre manos es la obra de Dios, por eso inculcan a sus hijos que las relaciones con todo, con las personas, con el estudio, con las cosas, vienen y se da por amor, no por interés. Con lo que no contaban, es que ver a sus hijos crecer y madurar también les educa a ellos, porque como dice Patricia, «ver a mis hijos es una llamada a ser inocente frente a Dios, a ser como un niño, si yo sé que Dios provee no me voy a preocupar».

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