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Una Navidad para dar calor al Niño Jesús

La atmósfera navideña llega al Vaticano cuando una mañana la plaza de San Pedro se despierta con los trabajadores de la Fabbrica de San Pietro instalando un enorme abeto. Este año, procede de Macra, en el Piamonte, la región de origen de los Bergoglio, y se completa con el tradicional pesebre que esta Navidad viene de la región del Lazio. Nos acompañarán hasta el 7 de enero, fiesta del Bautismo del Señor. Y esta Navidad, el pesebre tendrá más importancia, porque se cumplen ocho siglos desde que, en 1223, san Francisco de Asís recreara el nacimiento de Jesús en un pueblo que le recordaba a Belén: Greccio. 

Fue el primer belén viviente y, por eso, esta tradición está profundamente arraigada en Italia. Son decenas los municipios italianos que reproducen la escena de Belén. En muchos de ellos, los protagonistas son los niños, porque ellos representan a los personajes principales, mientras que los adultos son secundarios. En los belenes italianos suele aparecer el zampognaro, un personaje que toca una especie de gaita y cuyo origen en el pesebre está relacionado con un famoso villancico italiano, Tu scendi dalle stelle, compuesto en 1754 por san Alfonso María de Ligorio. Dice la leyenda que los zampognari venidos de las montañas acompañaban con su música las oraciones y melodías del santo.

En Italia, los días grandes de la Navidad son el 24 y el 25. Como en España, la noche del 24 se cena en familia, pero el menú suele ser a base de pescado y más frugal. Una hermosa costumbre es la de encender hogueras. En Sicilia, por ejemplo, se denomina lo zuccu. La leña se amontona en la plaza de la localidad en presencia de los vecinos y el sacerdote, que bendice las ramas al repicar de las campanas. Después, se vuelve a casa, se cena y se regresa a la parroquia para la Misa del Gallo y el encendido de la hoguera. El fuego simboliza la luz del Niño que ha nacido y también el deseo de darle calor en la fría noche de Belén. 

El 6 de enero se celebra la Epifanía, pero en Italia los Reyes Magos no son los que traen regalos a los niños. Lo hace la Befana. La tradición cuenta que esta mujer ayudó a los Reyes Magos a encontrar el camino a Belén. Agradecidos, le pidieron que los acompañara a buscar al Niño, pero ella se negó. Después se arrepintió y salió a buscarlos sin éxito. Preguntó en cada casa que encontraba a su paso, dejando dulces y presentes con la esperanza de que alguno de esos pequeños fuera el Niño Jesús. Desde entonces, para hacerse perdonar, recorre el mundo cada Navidad repartiendo regalos. 

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