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Belén de Judá: Navidad entre bombas

Navidad entre bombas

¿Qué convierte en especial a la ciudad de Belén? Una pequeña gruta, casi insignificante en comparación con los edificios imponentes de nuestras ciudades. En esa gruta, que fuera en su momento una cueva de animales, tuvo lugar el milagro más grande que la humanidad viera y verá jamás: el nacimiento de Jesucristo, Nuestro Señor.

Hoy, ese lugar está señalado por una estrella de plata alrededor, en la cual puede leerse en un perfecto latín:«Aquí nació, de María Virgen, Jesucristo». Esto es lo que hace importante a Belén, tal y como predijo el profeta Miqueas: «Pero tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá, porque de ti me saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel» (Mt 2,6).

Hace 28 años llegamos a Belén tres hermanas del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado. Luego de estudiar el árabe comenzamos a trabajar en un hospital que acogía a niños con discapacidades físicas y mentales. Nuestro testimonio llamaba la atención a muchos, en especial, en tiempos de la llamada intifada, hacia la mitad del año 2000, bajo disparos y bombardeos. Muchos nos preguntaban por qué queríamos permanecer en Belén cuando esta se había convertido en un campo de guerra… por qué preferíamos quedarnos a cuidar a «sus hijos» cuando estaba en peligro nuestra propia vida. Hoy, cuando las bombas y la metralla vuelven a resonar en Palestina, nuestra respuesta es la misma de entonces: «Lo hacemos por amor a Dios, a Cristo».

Con el pasar del tiempo, después de discernir lo que Dios nos pedía y cuál era la obra que necesitaba la Iglesia en Belén, decidimos abrir un hogar para recibir niños cristianos o musulmanes, con discapacidades físicas y/o mentales, ya sean abandonados o que sus familias no puedan cuidarlos. La idea es acogerlos como en una familia y sin poner un límite de edad ni tiempo, sino recibirlos para siempre en el Hogar Niño Dios, a escasos metros de aquella gruta. 

El Hogar ha cumplido 18 años y acoge a 36 beneficiarios (desde bebés hasta jóvenes). Los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado, con quienes llevamos adelante esta obra, se encargan, además, de la asistencia espiritual de los jóvenes ya mayores, algunos de los cuales tienen graves desórdenes psiquiátricos.

Estamos convencidas de que nuestra solicitud amorosa hacia los más necesitados, incapacitados muchas veces para hablar y caminar, pero plenamente capaces de amar, puede contribuir a la paz tan ansiada en Tierra Santa y hacer que podamos celebrar la próxima Navidad con el verdadero sentido espiritual, acompañando con nuestras oraciones a los que han sufrido y sufren las consecuencias de la violencia y de la guerra. 

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