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Un hijo de san Agustín en la cátedra de san Pedro

Recuperamos la conversación con el prior general de la Orden de San Agustín  y con el provincial de España sobre cómo la espiritualidad de León XIV marcará el pontificado. Este lunes, el Papa inauguró el Capítulo General de los Agustinos

en la cátedra de san Pedro

Cuando nos enteramos de que el hermano Prevost era el nuevo Papa, sentimos júbilo, un gozo muy grande. Es una persona muy conocida en la Orden, porque ha sido prior general, con lo cual conoce todas las casas que tenemos en el mundo y, cuando terminó su mandato, se puede decir que conocía a prácticamente todos los frailes». Quien así habla es fray Domingo Amigo González, prior provincial de los agustinos en España. Es indudable que la elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, un fraile de Chicago, pero con profundas raíces en Perú, como el 267 sucesor de Pedro fue acogida con especial regocijo en el seno de la Orden de San Agustín (OSA). Y esta identidad agustiniana, lejos de ser un dato menor, se perfila como impronta distintiva de su pontificado —el primero de un Papa agustino—, tal como lo atestiguan las voces de los principales líderes de la Orden. 

Así las cosas, el amor y la unidad, dos temas absolutamente centrales en la obra del Agustín filósofo, han sido rescatados y puestos de actualidad en cada una de las intervenciones del nuevo Papa durante el inicio de su pontificado. Fray Alejandro Moral, prior General de la Orden de San Agustín, reconoce a ECCLESIA que la noticia fue «increíble». Tras el fallecimiento del papa Francisco, recuerda, el nombre de Prevost comenzó a oírse y «fue ganando fuerza». «Y la verdad es que sus cualidades, su perfil o la edad, pues encajaban», explica. «Al verlo salir a la plaza, fue tremendo. Porque una cosa es pensarlo, pero otra, verlo hecho realidad», sentencia.

Desde sus primeras palabras y gestos, León XIV ha querido señalar la influencia de san Agustín tanto en su vida como en su ministerio. Su escudo papal y lema personal, In Illo uno unum —extraído de un comentario del obispo de Hipona al Salmo 127— no solo simbolizan la unidad en el Dios Hijo, sino que son el inicio de un repaso fundamental a las enseñanzas del filósofo que el nuevo Papa ha recogido desde el inicio mismo de su pontificado, tremendamente útiles a la hora de definir su visión de lo que debe ser un pastor de la Iglesia y qué relación trabar con su rebaño.

Especialmente notorios han sido los rubros y expresiones agustinianas formuladas por León XIV donde se equilibra la autoridad del pastor con su identidad fundamental como cristiano. Por ejemplo, la muy célebre «si me asusta lo que soy para vosotros, me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano», que refleja la tensión entre el «nombre del cargo», como peligro, y el «nombre de la gracia», como salvación.

Otra cita contundente de san Agustín utilizada como programa de pontificado es aquella tomada de un sermón dirigido a los pastores, donde el obispo de Hipona prioriza la vocación bautismal sobre cualquier otro rol jerárquico: «Primero somos cristianos, luego tenemos autoridad». Poco que añadir, como cuando apela a la idea agustina de la custodia divina: «Él custodia cuando vigiláis, Él guarda cuando dormís, pues él durmió una vez en la cruz y ya no duerme». Y, haciendo suya la invitación del salmo, nos ha espetado ya: «Sed Israel, porque no duerme ni dormita el que guarda a Israel». En esta cita, más allá de la preeminencia de quien es sucesor de Pedro, se ha querido someter a la vigilancia de Dios en relación de dependencia. Un poder que no es propio y que rinde cuentas.

Tampoco ha dejado León XIV de mencionar el comentario de san Agustín al Salmo 126, con ánimo de subrayar la reciprocidad de roles entre quienes son miembros de la Iglesia, pues si bien hay quien es maestro, no es menos cierto que también es un condiscípulo más: «Soy pastor para vosotros, pero soy oveja con vosotros bajo aquel pastor. Desde este lugar soy como maestro para vosotros, pero soy condiscípulo vuestro, en esta escuela bajo aquel único maestro».

En opinión de fray Alejandro Moral, la elección de estas guías agustinianas configuran la relación de comunión y mutuo cuidado que León quiere establecer con el Pueblo de Dios: «Con vosotros cristiano, para vosotros obispo; para vosotros vigilante, con vosotros custodiado por quien vela sobre Israel; para vosotros maestro, con vosotros condiscípulo; para vosotros pastor, con vosotros apacentado por el único pastor».

Apoyado en san Agustín

Así las cosas, tanto el prior general como el prior provincial coinciden en que tener un Papa agustino «va a ayudar a que la espiritualidad de san Agustín se conozca más». Y no es asunto menor, pues destacan que el autor de las Confesiones es «absolutamente actual, un hombre moderno», cuya riqueza espiritual ofrece sin duda «herramientas para el mundo de hoy». «Por ello, es muy útil, y el Papa lo va a utilizar» para ayudar en temas de enorme actualidad, como «la comunión, la búsqueda de la verdad, la interioridad», además de «animar a las personas a caminar» y acercarse a Dios.

La profunda conexión de Robert Francis Prevost con la Orden de San Agustín se ha forjado con los años. Tras licenciarse en Matemáticas y Filosofía y lograr una Maestría en Divinidad por la Unión Teológica Católica, ingresó al noviciado de la Orden en 1977, profesando sus votos solemnes en 1981. Su formación académica agustiniana culminó en un doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Angelicum de Roma en el año 1987, con una tesis cuyo título a pocos sorprenderá: El rol del prior local de la Orden de San Agustín.

Como no podía ser de otra forma, su labor misionera en Perú fue fundamental en su desarrollo humano y pastoral, sirviendo durante más de una década en aquello donde se le necesitara, ya fuera como vicario parroquial, canciller diocesano, promotor vocacional, director de formación, maestro de profesos, e incluso vicario judicial en la arquidiócesis de Trujillo. Esta experiencia en contextos muy diversos y hostiles le otorgó un conocimiento de primera mano de la realidad de la Iglesia en Hispanoamérica y le hizo ser elegido como prior provincial de su provincia en Chicago en 1998. 

Su liderazgo dentro de la Orden alcanzó su máxima expresión al ser destacado entre sus iguales como prior general en 2001, cargo que ejerció durante 12 años. Este período le brindó una perspectiva global de la Orden y de toda la Iglesia. Esta vasta experiencia, que ha incluido numerosas y constantes visitas a España, le ha dado, en expresión de fray Domingo Amigo, «una visión muy amplia». Algo en lo que coincide el prior general de los agustinos, para quien conocer la situación de la Iglesia en lugares como Nigeria o Asia sin duda «le ayudará en el ministerio» papal.

Y no se puede negar que la experiencia de gobierno en una orden marcada por la colegialidad y la fraternidad es un tesoro que resplandecerá en su forma de ejercer el pontificado. Fray Domingo Amigo explica a ECCLESIA que el concepto de comunidad es «central» entre los agustinos, y que «las decisiones importantes se toman en los Capítulos», ya sean generales, provinciales o locales, buscando siempre «un estudio y un consenso a través del discernimiento». Y es conocimiento arraigado, incluso, que «el prior general tiene que obedecer lo que diga el Capítulo General, y lo mismo a nivel provincial y local». Esta forma milenaria de dirigir la comunidad y adoptar las decisiones entre todos, asentada en la OSA desde el siglo XI —la Orden propiamente dicha procede directamente de san Agustín, pero la organización como orden mendicante data de aquel siglo—, tendrá un eco e influirá indudablemente en la nueva forma de gobernar la Iglesia universal.

Un hombre de oración

En cuanto a las cualidades personales del Papa y su relación personal con él, fray Alejandro Moral lo describe como «una persona tranquila, aunque cuando hay que tomar una decisión, lo hace». Según su trato cercano, afirma que es «un hombre que trabaja mucho, sincero y que dice las cosas», si bien también «escucha y da la oportunidad a la otra persona para que se explique». Disfruta del diálogo y de abordar los temas con «varias personas y voces». En el ámbito espiritual, como buen agustino, es «un hombre profundo, de oración», con hábitos matutinos de oración y Eucaristía, y que busca siempre tiempo «a solas con el Señor». Al recordar sus vivencias con el Pontífice, el Prior General de la Orden señala la emoción compartida con el cardenal Prevost antes del cónclave, al entonar una oración pidiendo al Espíritu Santo que lo guiara: «Dialogamos y, al final de la comida, leí una cosa que le gustó. Empezaba así: “Ven, Espíritu creador, visita a nuestro hermano cardenal Roberto, que participa en el próximo cónclave, y llena de tu gracia su corazón que has creado”. Se emocionó, nos dimos un abrazo, tomó el café y se marchó».

Y, ya tras la elección, el reencuentro: «Le dije: “Buenos días, Roberto”. Y enseguida me corregí y le llamé “Santidad”. Uno se emociona al verlo, al estar con él. En la Eucaristía me llamó la atención la respuesta a cómo había llegado hasta allí: “Dios”. Y añadió que “para caminar, hay que escuchar a los demás y crear puentes”. Le aconsejé: “No pierdas la naturalidad, porque es bueno para la gente” y le transmití que los agustinos estábamos unidos y rezábamos por él».

Por su parte, fray Domingo Amigo complementa este perfil desde la cercanía, destacando que León XIV es «una persona capaz, muy preparada y que es muy buena persona». Además de su ingente trabajo en la Orden y su buen hacer en la Curia Romana, el provincial de España destaca especialmente su labor como obispo de Chiclayo, en Perú, durante ocho años, resaltando su «preocupación por las personas necesitadas y buscando la justicia social». Conocida esta sensibilidad social, en el seno de la Orden apenas ha sorprendido la elección de su nombre papal, de automática vinculación a la Rerum novarum de León XIII. Días después, el propio León XIV admitía que «hoy, la Iglesia debe responder a otra revolución industrial: la de la inteligencia artificial».

Entre los líderes de la Orden de San Agustín, primeros entre sus iguales, la llegada del primer Papa agustino a la cátedra de san Pedro se percibe como una oportunidad de recuperar y dar lustre a un programa de espiritualidad propio, con su énfasis en la búsqueda de la verdad, la interioridad y la vida en comunidad como fórmula de afrontar los desafíos de nuestro mundo de hoy. Como dice fray Alejandro Moral, «san Agustín tiene muchas cosas bonitas para el mundo de hoy», y en este aspecto destaca «el mensaje de León XIV en favor de la paz: es triste ver cómo sufre la gente».

Un mayor interés

Con respecto al impacto en las vocaciones de esta actualización de san Agustín, fray Domingo Amigo explica que «los rasgos centrales de la espiritualidad agustiniana coinciden con los de la espiritualidad evangélica, pero qué duda cabe de que todo lo que sea dar a conocer la Orden hará que más personas se interesen en ella y pueda ser posible que crezcan las vocaciones». «San Agustín —prosigue— funda la comunidad agustina sobre los rasgos que caracterizan a la primitiva comunidad de Jerusalén, que era el modelo de comunidad cristiana. Es decir, no se trata de una realidad muy distinta, ni de gente que se separe para vivir unos valores distintos. Estos valores que caracterizaban a la comunidad de Jerusalén son los que él toma para hablar de manera concreta a estos colectivos de nueva fundación y que luego, poco a poco y con el paso de los siglos, nos lleva a constituirnos ya como orden religiosa».

Tampoco se espera que el hecho de tener un Papa agustino por primera vez en la historia cambie las relaciones de la Orden con el Vaticano, pues «el sucesor de Pedro es Papa para toda la Iglesia y debe preocuparse por todos». Sí es cierto, admite fray Domingo Amigo, que «el padre Alejandro Moral tiene muy buena relación con León XIV, y, en este sentido, el general de la Orden va a tener más confianza con el Papa. Pero también es cierto que Francisco, nada más ser elegido Pontífice, presidió la Misa de inauguración del Capítulo General en el que, precisamente, dejó de ser prior general fray Robert Prevost».

De acuerdo con esta perspectiva, el joven pontificado de León XIV se presenta con la esperanza de que la Iglesia, guiada por su hijo agustino, ayude a la humanidad a alcanzar la «comunión», ofreciendo «paz, fraternidad y luz para un mundo en el que el egoísmo nos impide ver las cosas buenas del hombre». Su trayectoria, profundamente marcada por la regla y el espíritu de san Agustín, y su experiencia de liderazgo en diversos niveles de la Iglesia, hacen de él un pastor más que preparado para abordar los retos del siglo XXI con la sabiduría perenne del filósofo que fue obispo de Hipona. «Pero —como subraya fray Alejandro Moral— no para ser más sabios, sino para que nos ayude a las personas a caminar. Para que nos ayude con su mensaje y nos acerque a Dios. Como escribe el propio san Agustín, “Tarde te conocí, belleza siempre antigua y siempre nueva”. Benedicto XVI, un Papa sabio, me confesó una vez que había leído las Confesiones más de 30 veces, siempre hablaba de san Agustín. Pues ahora tenemos un Papa que es hijo de san Agustín. La historia se escribe bien». 

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