El Papa destaca el gesto concreto de caridad y acogida en el archipiélago tras una reflexión del Regina Coeli centrada en el amor y la figura del Espíritu Santo
«Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias, por permitir la llegada del crucero Hondius con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las Islas». Con estas palabras, que pretenden poner en valor los gestos concretos de caridad y acogida de un pueblo que ya se prepara para recibir su visita, el papa León XIV culminaba su reflexión y saludo posteriores al rezo del Regina Caeli junto a miles de fieles, un domingo más en la Plaza de San Pedro.
En esta ocasión, y obedeciendo al calendario litúrgico, el Santo Padre centró su reflexión en el amor cristiano y la figura del Espíritu Santo. Partiendo del Evangelio de Juan, el Pontífice subrayó que la obediencia a los mandamientos nace de la gratitud por el amor recibido y no como un requisito previo para obtener el favor divino, explicando que el amor de Dios es la condición necesaria para nuestra justicia y que las palabras de Jesús son «una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda».
De este modo, el Santo Padre definió a Cristo como la regla del amor verdadero, describiéndolo como «Aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional» y que «no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio». Esta entrega total es la que sana a los creyentes de los «amores falsos» y los guía hacia la salvación.
En su mensaje, el Santo Padre también quiso profundizar en la identidad cristiana, explicando que, a través de este amor, Jesús comparte con los creyentes su propia esencia, pues «yo estoy en mi Padre, y (…) ustedes están en mí y yo en ustedes». Esta íntima comunión de vida es lo que permite al fiel resistir las acechanzas del enemigo. León XIV también destacó la promesa del Paráclito o «Abogado defensor», a quien presentó como un «aliado que nunca falla» frente al mal que «oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente». En un fuerte contraste teológico, advirtió sobre la figura del «acusador», calificándolo como el «adversario del Paráclito» y «padre de la mentira», cuyo objetivo es enfrentar a la humanidad con Dios y entre sí. Frente a esto, la Iglesia se presenta como un «pueblo de hermanos y hermanas» unidos por el Espíritu de la verdad.
Tras el rezo mariano y la reflexión teológica, el Pontífice dirigió su mirada a la actualidad internacional, manifestando su cercanía con las periferias del mundo que sufren el azote del terrorismo. Así, expresó su honda preocupación por los territorios africanos del Sahel, de los que afirmó haber recibido con dolor las noticias sobre el «aumento de la violencia, en particular en Chad y Malí, que han sido objeto de recientes ataques terroristas». Asimismo, tuvo un gesto ecuménico al celebrar el Día de la Amistad Copto-Católica, enviando un saludo a Su Santidad el Papa Tawadros II con el deseo de que el camino de amistad conduzca a la «unidad perfecta en Cristo, quien nos llamó “amigos”».
Por último, y en cuanto a los saludos particulares, el Santo Padre dio la bienvenida a diversos grupos, como las Guardias de honor del Sagrado Corazón de Jesús y los voluntarios de Radio María. Finalmente, antes de despedirse, dedicó unas palabras de gratitud a todas las madres, imagen de María: «Recemos con cariño y gratitud por cada mamá, especialmente por aquellas que viven en condiciones difíciles», proclamó, invocando sobre ellas la bendición divina antes de despedirse.








