Esta semana he conocido a Enase Okonedo, una mujer para quitarse el sombrero. Primera mujer decana de una escuela de negocios en Nigeria y primera mujer vicerrecectora de una de las mejores universidades del país. Está estos días en España porque ha venido a recoger el Premio Harambee, que reconoce a mujeres que trabajan por la igualdad de la mujer en África.
Desde el principio me llama la atención, su discurso dista mucho de las habituales proclamas que escuchamos por estas fechas. Insiste mucho en dos aspectos, por un lado el «espíritu de comunidad» africano, que en Europa hace tiempo que hemos perdido. Lo resume con un dicho: Ubuntu. Significa “yo soy porque nosotros somos”. La mujer es más mujer, es mejor mujer en su relación con la comunidad en la que vive, es más en la dependencia. En el pedir ayuda a su familia y a sus vecinos, en ofrecer la suya.
En segundo lugar, le escandaliza que en Europa las políticas de inclusión o de igualdad de género sean tan antifamiliares. No entiende que tener hijos y cuidarlos sea considerado un menos. ¡Pero si es lo propio de la mujer! Me habla de su madre, que crió a ocho hijos y al mismo tiempo trabajaba fuera de casa. Y los malabares para llegar a todo no eran tan complicados, porque tenía una comunidad detrás, porque educar a sus hijos no era solo responsabilidad suya, «hace falta una comunidad entera para criar a un hijo» me dice.
Por tanto, las políticas de igualdad deberían tender a eso: a permitir a la mujer ser mujer. A que pueda acceder a puestos de trabajo en igualdad de condiciones de un hombre, que el ser madre no le penalice, que pueda disponer del tiempo necesario para cuidar a sus hijos. Que reconozcamos todos, me insiste Enase, que somos diferentes. Y que precisamente en esa diferencia está el valor que podemos aportar a la empresa, a la familia, a la sociedad.
Sobra decir, y es a lo que ha dedicado tantos años Enase, que queda mucho por hacer aquí y sobre todo allí. Que en África la mujer sigue relegada en el hogar, no porque lo haya elegido, sino porque tiene denegado el acceso a muchos puestos en las instituciones o en las empresas por el hecho de ser mujer. Que muchas niñas no tienen acceso a la educación o son obligadas a casarse pronto y no pueden continuar estudiando. Que la lucha por la igualdad y la inclusión por supuesto que es necesaria.
La conversación con Enase me hace darme cuenta de algo muy impopular pero totalmente cierto. Que el vivir con un hombre exalta mi ser mujer, que tener un hijo exalta mi ser mujer. Y que depender de otros, reconocer una y otra vez que sola no voy a ningún lado, me hace más yo. Me hace mejor madre, mejor esposa, mejor mujer trabajadora. Y más feliz, que al fin y al cabo para eso estamos.





