Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario: ¿Qué queréis que haga por vosotros?


20 de octubre ·  XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Hace unos años, en ciertos sectores de la Iglesia, se puso de moda eso de: «A Dios no hace falta que le pidamos nada, pues él ya sabe lo que necesitamos». Dios, mejor que nadie, sabe lo que necesitamos, pero también es cierto que Jesús nos invita a acudir con confianza ante nuestro Padre para presentar nuestras peticiones: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis…» (Mt 7, 7).

El hecho de pedir nos ayuda a hacernos conscientes de cuáles son nuestras necesidades y a recibir con mayor agrado aquello que se nos ofrece. Quien pide es consciente de su limitación y se hace consciente de la bondad, la justicia o la misericordia con las que actúa aquel al que acudimos. Pedir es necesario, pero también aprender a pedir bien. El Evangelio de este domingo es un claro ejemplo. Jesús muestra su disponibilidad a aceptar nuestras súplicas en cuanto ve acercarse a los hijos de Zebedeo: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Lo que viene a continuación es de sobra conocido por todos, quizás porque, como les pasó a los otros discípulos, la petición que realizan es algo que nos descoloca e, incluso, indigna: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Para disimularlo un poco, Mateo nos presenta la misma petición, pero puesta en labios de su madre.

Sea como fuere, lo cierto es que es una petición que conviene reconducir; está bien anhelar el Reino de Dios, pero por el camino adecuado. Jesús lo va a hacer con sutileza: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Santiago y Juan no muestran ninguna duda ante el camino propuesto; no sabemos si por valentía, por desconocimiento, o por su amor incondicional a su maestro, pero están dispuestos a hacer cuanto sea necesario.

Dos personas que han llegado para pedirle algo a Jesús, han regresado comprometidos a darse por entero. Ese es el camino de la oración de petición; pedir, pedir sin límites, con confianza, pero salir dispuestos a darse, a aceptar la voluntad de Dios.

El compromiso del que pide y el del que otorga son necesarios. La disposición de Dios la tenemos, ¿dónde queda la nuestra? 

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now