Sí, Jesús, Tú te transfiguras y me llevas al monte Tabor para que yo también me transfigure. Me llevas a la soledad, a la intimidad. No me puedo cambiar, no me puedo transformar si no estoy en ese monte, aislada de todo, cerrando todas las puertas del exterior y encontrándome directamente contigo. Hoy, Jesús, te doy gracias porque me quieres transfigurar, quieres cambiarme de figura, quieres transformarme, quieres quitarme todo lo que no es de tu agrado. Y me dejo transfigurar de verdad.







