Anochecía en Madrid, en el final de un puente, y fieles y turistas entraban y salían de la catedral de la Almudena ajenos a que lo que allí iba a suceder era un acontecimiento histórico. El patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, estaba a punto de llegar y solo algunos curiosos observaban que algo estaba a punto de pasar. El despliegue policial en la fachada del templo y la presencia del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, en la puerta, lo indicaban. Dentro, expectación y clima de oración. Una visita histórica —la primera de un patriarca ecuménico— para conmemorar el 50 aniversario de la iglesia ortodoxa de San Demetrio y San Andrés, hoy catedral, y del 20 aniversario de la creación de la metropolis de España y Portugal.
El abrazo entre el cardenal Cobo y el patriarca Bartolomé fue el prólogo perfecto a la celebración ecuménica que poco después tendría lugar y que comenzó con un canto que habla solo. «Un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo, un solo Dios y Padre», cantaban los asistentes, al tiempo que blandían teléfonos para inmortalizar el momento.
En la ceremonia participaron varios obispos, entre ellos, el arzobispo emérito, cardenal Carlos Osoro, el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, y los auxiliares de Madrid y Getafe, Jesús Vidal y José María Avendaño. Por la parte ortodoxa griega, el metropolita Bessarión Komzias, la referencia de esta Iglesia en España y Portugal. También estuvieron líderes de otras Iglesias cristianas con presencia en nuestro país.
Con sus intervenciones, tanto el cardenal Cobo como el patriarca Bartolomé —este último en un perfecto italiano— convirtieron el encuentro en una gran oración de súplica por la paz en el mundo. Por supuesto, por Oriente Medio, pero también, como dijo Bartolomé, por la «martirizada Ucrania», por Armenia y por tantos otros conflictos, a menudo olvidados.
«En este tiempo de guerras y violencia, proclamamos a nuestro mundo que la convivencia en Dios y en paz es posible, que nuestras Iglesias tienen el deber de ofrecer un ejemplo de diálogo y de encuentro a nuestro mundo sediento de fraternidad», señaló el arzobispo de Madrid.
Bartolomé añadió: «No podemos aceptar que ninguna religión utilice el nombre de Dios para justificar la injusticia. Debemos alejarnos de cualquier fanatismo en nombre de Dios». Y defendió que para alcanzar la paz hace falta una conversión que pasa por la justicia.
Diálogo entre las dos confesiones
Al margen de este grito por la paz, tanto el purpurado como el patriarca se refirieron a las relaciones entre ambas Iglesias, estrechas en los últimos tiempos. De hecho, Cobo recordó el abrazo del patriarca Atenágoras y san Pablo VI en Jerusalén el 5 de enero de 1964. «Reconocemos las divergencias, pero esas diferencias no han de ser el punto de partida del diálogo», añadió el purpurado.
También dijo: «Es cierto que somos distintos, pero podemos convivir y acercarnos. Desde el legado de una fe y tradición compartida, seguiremos dando pasos augurando la promesa de una buena cosecha».
Bartolomé, por su parte, pidió oración para que la Iglesia católica y la ortodoxa afronten los problemas que provocan la división y apuesten por «un diálogo teológico» para llegar a una comprensión común de nuestra historia y a la reconciliación. Y recalcó: «El diálogo es necesario para nuestro reconocimiento. No quita nada».
El arzobispo de Madrid concluyó con una petición a que las dos Iglesias participen en las Pascuas de una y otra el próximo año, con el deseo de que en 2025 esta gran fiesta coincida en un único calendario.
Cerradas las intervenciones, arzobispo y patriarca rezaron el padrenuestro e impartieron juntos la bendición antes de sumergirse de nuevo entre los fieles en el pasillo central del templo catedralicio. Otra vez, los teléfonos salieron de los bolsillos para registrar la historia.
Así terminó la primera jornada oficial de la visita del patriarca Bartolomé a nuestro país. Este lunes se encontrará con el rey Felipe VI, el martes recibirá el doctorado honoris causa en la Universidad Pontificia Comillas y el miércoles se encontrará con la cúpula de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en la Casa de la Iglesia, donde, además, mantendrá un breve encuentro con la prensa.





