El cardenal Parolin lee el mensaje del Papa, en el que pide reforzar el multiculturalismo para luchar contra el cambio climático y por la paz
El papa Francisco no ha podido viajar a Dubái para participar en la COP28. Los problemas de salud se lo han impedido, pero no así enviar un mensaje claro, que ha leído en su nombre el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.
«Me hago presente porque, ahora más que nunca, el futuro de todos depende del hoy que escojamos. Me hago presente porque la devastación de la creación es una ofensa a Dios, un pecado no solo personal, sino estructural que repercute en el ser humano, sobre todo en los más débiles; un grave peligro que pende sobre cada uno y que amenaza con desencadenar un conflicto entre generaciones», ha subrayado.
Al hilo de lo que ya manifestó en la exhortación apostólica Laudate Deum, Francisco ha incidido en que está demostrado que los cambios climáticos actuales derivan del calentamiento del planeta, causado por el aumento de gases de efecto invernadero, provocado por la actividad humana. «El clima trastornado es una advertencia para que detengamos semejante delirio de omnipotencia. El único camino para poder vivir en plenitud es que volvamos a tomar conciencia, con humildad y valentía, de nuestro límite», ha dicho.
Sí ha censurado a aquellos que intentan hacer caer la responsabilidad de esta situación a los más pobres y a los que tienen más hijos. Y ha añadido sobre esta segunda cuestión: «Los nacimientos no son un problema, sino un recurso; no están en contra de la vida, sino a su favor. Ciertos modelos ideológicos y utilitaristas que se imponen a las familias son verdaderas colonizaciones».
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Con todo, ha pedido reconstruir la confianza entre la comunidad internacional y relanzar el multilateralismo, algo que ayudará también para la paz. «Los cambios climáticos muestran la necesidad de un cambio político. Salgamos del atolladero de los particularismos y nacionalismos, que son esquemas del pasado. Abracemos una visión alternativa, común; esta nos permitirá una conversión ecológica, porque «no hay cambios duraderos sin cambios culturales» (Laudate Deum, 70)».
Con todo, Francisco ha asegurado el compromiso y el respaldo de la Iglesia católica, «particularmente activa en la educación y sensibilización a la participación común, así como en la promoción de estilo de vida, porque si la responsabilidad es de todos, la de cada uno es fundamental».






