«La Iglesia no puede caminar ni renovarse sin el Espíritu Santo y sus sorpresas», afirmó en la primera congregación general
Intensa primera jornada de la segunda sesión de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad. Tras la vigilia penitencial del martes por la tarde, este miércoles, Francisco inauguró este gran evento con una Eucaristía en la plaza de San Pedro.
En la homilía, recordó a los participantes y a los fieles que el sínodo «no es una asamblea parlamentaria, sino un lugar de comunión» y pidió que las aportaciones de cada uno no se conviertan «en puntos que defender o agendas que imponer». Deben ser, añadió, «dones para compartir, dispuestos a sacrificar lo que es particular, si ello puede servir para crear, juntos, algo nuevo según el plan de Dios».
Porque, según el Pontífice, «las soluciones a los problemas que se nos plantean no las tenemos nosotros, sino Dios». «Escuchemos la voz de Dios si de verdad queremos continuar nuestro camino con seguridad, más allá de los límites y las dificultades».
También pidió continuar este camino con la mirada puesta en el mundo, pues «la comunidad cristiana está siempre al servicio de la humanidad, para anunciar a todos la alegría del Evangelio».
Ya por la tarde, en la primera congregación general, Francisco volvió a tomar la palabra. Invitó a todos los presentes en el aula sinodal a «reconocer que la Iglesia no puede caminar y renovarse sin el Espíritu Santo y sus sorpresas; sin dejarse modelar por las manos de Dios».
Una asamblea episcopal
Y reflexionó sobre el carácter episcopal de la Asamblea del Sínodo que, según sus palabras, no se ha perdido. De hecho, explica que el hecho de que haya laicos y consagrados —hombres y mujeres— miembros de pleno derecho tiene coherencia con «la comprensión del ejercicio del ministerio episcopal expresada por el Vaticano II».
«El obispo, principio y fundamento visible de unidad de la Iglesia particular, no puede vivir su servicio, sino en el pueblo de Dios, con el pueblo de Dios, precediendo, estando en medio, y siguiendo la porción que le ha sido confiada», explicó.
Por eso, dijo que la composición de la asamblea no es contingente, sino que expresa «una modalidad del ministerio episcopal», y así la presencia de miembros que no son obispos «no disminuye la dimensión episcopal».
«Y esto lo menciono por si surge alguna tempestad de rumores que van de un lado para otro. Mucho menos pone algún límite o deroga la autoridad propia de cada obispo y del colegio episcopal», agregó.








