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Francisco ya reposa en la basílica de Santa María la Mayor: un Papa en medio de la gente hasta el final

En la Misa exequial, el cardenal Re destacó la preferencia del Pontífice por los últimos de la tierra. Luego recorrió las calles de Roma para reencontrarse con la Salus Populi Romani

«En esta majestuosa plaza de San Pedro, en la que el Papa Francisco ha celebrado tantas veces la Eucaristía y presidido grandes encuentros a lo largo de estos 12 años, estamos reunidos en oración en torno a sus restos mortales con el corazón triste, pero sostenidos por las certezas de la fe, que nos asegura que la existencia humana no termina en la tumba, sino en la casa del Padre, en una vida de felicidad que no conocerá el ocaso».

Estas palabras del decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, durante la homilía de la Misa exequial del papa Francisco, resumen perfectamente lo que se ha vivido este sábado en la plaza de San Pedro. Fueron todos momentos emocionantes, desde que los sediarios llevaron el féretro a la plaza de San Pedro desde el interior de la basílica vaticana, hasta que lo introdujeron en Santa María la Mayor para ser inhumado.

Una celebración que fue reflejo, de alguna manera, de su Pontificado, muy pegado a la gente, a los sencillos y humildes, a los que nadie ve, los mismos que lo recibieron con rosas blancas en Santa María la Mayor y que estuvieron entre los presentes en San Pedro. Pero también pendiente de los que llevan el timón del mundo, a los que siempre pidió que apostaran por la paz.

No en vano, justo antes del funeral de Francisco, se produjo un encuentro histórico en la basílica de San Pedro. Donald Trump y Volodímir Zelenski se vieron las caras durante unos instantes, a escasos metros de los restos mortales de Francisco.

«Frente al estallido de tantas guerras en estos años, con horrores inhumanos e innumerables muertos y destrucciones, el Papa Francisco elevó incesantemente su voz implorando la paz e invitando a la sensatez, a la negociación honesta para encontrar soluciones posibles, porque la guerra —decía— no es más que muerte de personas, destrucción de casas, hospitales y escuelas. La guerra siempre deja al mundo peor de como era en precedencia: es para todos una derrota dolorosa y trágica», dijo en la homilía el cardenal Re.

El purpurado, de 91 años, repasó, a través de su alocución, el magisterio del Pontífice: «Conservó su temperamento y su forma de guía pastoral, y dio de inmediato la impronta de su fuerte personalidad en el gobierno de la Iglesia, estableciendo un contacto directo con las personas y con los pueblos, deseoso de estar cerca de todos, con especial atención hacia las personas en dificultad, entregándose sin medida, en particular por los últimos de la tierra, los marginados».

Y concluyó: «Fue un Papa en medio de la gente, con el corazón abierto hacia todos. Además, fue un Papa atento a lo nuevo que surgía en la sociedad y a lo que el Espíritu Santo suscitaba en la Iglesia».


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