Esta declaración, gestada por miles de jóvenes desde Portugal hasta Jordania e Israel, es el punto de partida de un «movimiento» que se extenderá durante casi una década, culminando en el Jubileo de la Redención
Esta mañana se ha presentado en el Vaticano una de las más ambiciosas iniciativas lanzada por los jóvenes europeos para los jóvenes europeos desde la Iglesia: el Manifiesto de los Jóvenes Cristianos de Europa, un texto que sus promotores describen como «una revolución del espíritu joven». Esta declaración, gestada por miles de jóvenes desde Portugal hasta Jordania e Israel, no es un evento aislado, sino el punto de partida de un «movimiento» y un «proceso de inicio» que se extenderá durante casi una década, bajo el lema «Roma’25-Santiago de Compostela’27-Jerusalén’33», culminando en el Jubileo de la Redención de ese mismo año.
La presentación ha tenido lugar en el marco de las iniciativas del Año Jubilar y por invitación del Dicasterio para la Evangelización —Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo— y durante la misma se ha proclamado que el manifiesto busca hablar a los jóvenes europeos sobre una fe que sigue siendo relevante y que aún tiene «algo que decir» en el continente.
La génesis de un proyecto con raíces profundas
Como no podía ser de otra manera, en el evento ha participado con notable protagonismo Mikel Garciandía, obispo de Palencia y coordinador del comité de organización, además de Antonio Ammirati, secretario general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa; Graziano Borgonovo, subsecretario del Dicasterio para la Evangelización; Francisco Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela; Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén; Paolo Giulietti, arzobispo de Lucca; y Marco Gnavi, párroco de Santa María en Trastevere.
El obispo de Palencia ha explicado durante su intervención la génesis del proyecto, que nació de la red de santuarios de san Miguel en Europa. Inicialmente, era una labor pastoral impulsada por jóvenes que culminaría en Roma en 2025. Sin embargo, con el apoyo del Consilium para la internacionalización del proyecto y la implicación de la Conferencia Episcopal Española desde su área de Juventud e Infancia, el proyecto se transformó y dio la vuelta: «No termina en Roma, sino que comienza en Roma».
El proceso de elaboración del manifiesto, se ha detallado, ha sido profundamente participativo. Así, el joven Fernando Moscardó, portavoz del proyecto, ha explicado que el texto no nació «en un despacho ni de una estrategia institucional», sino «de una herida y en la sed de una generación que hemos sufrido, que buscamos sentido y que aún así creemos». En su momento, se inició con un discernimiento comunitario en grupos de jóvenes vinculados a los caminos de san Miguel, recibiendo aportaciones de diversos países europeos y de Tierra Santa. También se crearon focus groups con universitarios —por ejemplo, de la Universidad de Navarra— para identificar los principales retos de los jóvenes.
El manifiesto, que estará disponible para su firma en la página web del proyecto a partir de las 18:00 horas de esta tarde, invita a todos, sin límite de edad, a adherirse. «Joven es quien así quiera considerarse», ha afirmado Moscardó, destacando que el mensaje es para «los jóvenes pero también para los no tan jóvenes, a los que están cerca y a los que se alejaron, a los que creen, a los que dudan, a los que aún buscan». La viralización del manifiesto se buscará a través de redes sociales (bajo el nombre J2R 2033 – Journey to Redemption 2033) y la colaboración con «influencers de la sensibilidad católica», con el objetivo de llegar también a jóvenes no cristianos que buscan «algo más» en la vida.
Un itinerario de esperanza: Roma-Santiago-Jerusalén
De este modo, el proyecto se concibe como un largo peregrinaje que parte de Roma en 2025 con el Jubileo de los Jóvenes, continúa en Santiago de Compostela en 2027 para su Año Santo, y culmina en Jerusalén en 2033, coincidiendo con el Jubileo de la Redención.
En cuanto a Roma 2025, el manifiesto será leído solemnemente el 1 de agosto en la Basílica de Santa María en Trastevere, en la jornada previa al Jubileo de los Jóvenes. Su párroco, Marco Gnavi, ha expresado su entusiasmo por acoger a estos jóvenes que llegarán con «mochilas llenas de dudas, de esperanzas, de preguntas abiertas», y resaltó la importancia de que la Iglesia «se fíe de nosotros, los jóvenes: dejad que nos equivoquemos, dejadnos servir, dejadnos crecer».
Por su parte, en relación con Santiago de Compostela 2027, monseñor Francisco Prieto ha evocado las palabras de san Juan Pablo II («¡Europa, sé tú misma! ¡Europa, vuelve a tus raíces!»); Benedicto XVI, sobre la construcción de una «Europa de la fraternidad y de la trascendencia»; y el papa Francisco, quien destacó tres signos de una peregrinación auténtica: el silencio, el Evangelio y el protocolo de Mateo 25 —reconocer a Cristo en el hermano—.
En relación con Jerusalén 2033, el patriarca Pizzaballa ha subrayado la importancia de que la memoria de Jesús «siga compartiéndose en el mundo, sobre todo entre los jóvenes». Ha destacado la necesidad del testimonio y la cercanía de la Iglesia de Tierra Santa, y expresado el sueño de que en 2033 el mundo goce de paz, permitiendo a todos llegar a Jerusalén.
Peregrinos, no turistas
Entretanto, monseñor Graziano Borgonovo, subsecretario del Dicasterio para la Evangelización, ha contextualizado el proyecto en la larga tradición de peregrinaciones, citando a Dante para diferenciar entre «palmeros» (Jerusalén), «peregrinos» (Santiago) y «romeos» (Roma). El concepto de peregrinación, así las cosas, se ha puesto en el centro: «Seguir a Cristo no significa permanecer quietos, es abandonar la comodidad, el cinismo, la indiferencia, es ponerse en camino». El arzobispo de Lucca, Paolo Giulietti, se ha unido a esta idea, enfatizando la necesidad de devolver a los caminos su dimensión religiosa y espiritual, no solo turística o comercial. En su opinión, los caminos y santuarios pueden ser lugares donde los jóvenes, por su naturaleza «en búsqueda de algo», encuentren respuestas a sus ideales y construyan su identidad basándose en sus raíces cristianas, contrarrestando el «cinismo y desinterés» de la sociedad actual.
El proyecto cuenta con el apoyo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), según ha proclamado Antonio Ammirati, su secretario general. Esta iniciativa se enmarca en un recorrido más amplio de la CCEE sobre el protagonismo juvenil, que comenzó con el Sínodo de los Obispos en 2018 y continuó con el simposio sobre jóvenes en Cracovia en 2022 y la JMJ de Lisboa.
Por último, Fernando Moscardo ha concluido la presentación con un llamado a la acción, afirmando que el manifiesto es «un acto de fe y una llamada a la esperanza» y una «bandera que no es ideológica, sino profundamente espiritual y eclesial». Y ha invitado a todos a sumarse a esta «revolución del espíritu joven», firmando y haciendo suyo el manifiesto el 1 de agosto en Santa María en Trastevere. «La revolución ha empezado: el Espíritu sopla, nosotros caminamos», ha sentenciado.








