Carlos y Ángel, de Córdoba, son parte de los más de 30.000 jóvenes españoles que participarán en los eventos de Roma
Ángel, cordobés de 21 años, viaja desde el miércoles en autobús camino de Roma para asistir al jubileo de los jóvenes. Lleva en el corazón una petición, que comparte por teléfono con ECCLESIA, «que todo el mundo tenga un encuentro real con Jesús y descubrir el camino que nos tiene preparado para ser santos». Para él pide que el Señor «alimente mucho mi vocación, la llamada que Dios ha hecho en mi vida e igualmente la de mi hermano».
Se refiere a Carlos, tres años menor, que le ha anunciado recientemente que en septiembre seguirá sus pasos y entrará en el seminario. Un gran paso que le acompaña en esta peregrinación a Roma. Aunque no ha escuchado la conversación con Ángel, su petición es parecida, «espero que el Señor afiance y refuerce ese deseo que tiene mi corazón. Que me guíe y me prepare para entrar en el seminario».
A pesar de su juventud, Ángel lleva ya diez años en el seminario de su diócesis, seis en el menor y cuatro en el mayor. Sabe que quiere ser sacerdote desde los 11 años, cuando «lo tenía claro de la forma más sencilla que puede tener un niño las cosas claras en su vida. La decisión de entrar al seminario fue sobre todo porque yo tenía claro que el amor de Dios estaba ahí muy presente y mi felicidad ahí me alcanzaba». Compartir ahora esta certeza con su hermano pequeño «es una alegría muy grande», porque «que el Señor nos haya llamado a los dos hermanos a ser sacerdotes, a entregarnos totalmente ayuda más a poder vivirlo».
De hecho, Carlos reconoce que Ángel tiene mucho que ver en la decisión que acaba de tomar. «Yo lo veía y muchas veces decía, me gustaría ser como él. Es verdad que para mí siempre ha sido un referente». Lo que le atraía, sobre todo, era y es que Ángel irradia felicidad, él mismo se describe como la persona más feliz del mundo porque «he descubierto que Jesucristo nunca falla.
Puede haber rachas malas y cada uno utiliza su libertad a veces mejor y otras peor, pero me siento muy feliz porque veo cómo estoy cumpliendo la voluntad de Dios, con la evidencia de que el Señor me ayuda a ver y cómo el amor de Dios, sigue estando muy presente en mi vida a pesar de que yo muchas veces no le corresponda».
Ahora se suma que su hermano se va a compartir en un compañero de camino todavía más cercano, después de un año en el que «el Señor ha ido preparando mi corazón cada vez más para llegar a un momento en el que te da esa luz y tienes que tomar una decisión de decirle que sí o que no. Y me he ido enamorando cada vez más».








