Obispos, sacerdotes y miles de chicos se congregan en un encuentro histórico que busca el encuentro con Cristo y la edificación de la paz
La Iglesia española celebra esta tarde un momento de exultante alegría y profunda comunión en el marco del Jubileo de los Jóvenes en Roma. Desde la ciudad eterna, el ambiente es de fervor y esperanza, con miles de peregrinos, muchos de ellos sin acreditación previa, uniéndose a esta cita histórica. Así lo han expresado en rueda de prensa Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons, Arturo Ros, obispo de Santander y responsable de la Subcomisión de Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española (CEE), y Raúl Tinajero, director de la misma subcomisión, acompañados de jóvenes que comparten sus experiencias transformadoras.
Mons. Luis Argüello ha manifestado su «gran alegría» por poder compartir este espíritu, destacando que viene acompañado de la «mayoría de los obispos de España, sacerdotes, religiosos y miles de jóvenes que han querido peregrinar, en un viaje arduo, con suelos duros, falta de recursos, pero un viaje santo, que permite expresar lo mejor de nosotros mismos, desde la conciencia de ser cristianos, miembros de la Iglesia». En referencia al evento culminante del domingo, ha añadido que el Santo Padre «va a poner la mesa donde el pan se multiplica, con la conciencia de ser congregados y enviados, altavoces del grito del Papa León XIV: es la hora del amor, de la paz y la unidad». El objetivo, subraya, es «ser signo e instrumento de la paz», fruto de un camino de preparación. Como anécdota, ha relatado el hallazgo en el avión de «20 personas de Valladolid que no estaban en la lista, somos muchos», agradeciendo a todos los que están haciendo posible estos días.
Por su parte, Arturo Ros ha enfatizado el papel principal de los jóvenes: «los protagonistas son los jóvenes, nosotros somos servidores». Con admiración, ha descrito cómo estos jóvenes, procedentes de todos los rincones de España y superando esfuerzos económicos y largos trayectos, «vienen a celebrar la fe, a vivirla en la Eucaristía, en las celebraciones, en el sacramento de la Reconciliación. Tenemos mucha esperanza».
Un encuentro histórico y transformador
Raúl Tinajero ha calificado este encuentro como «un momento histórico, es la primera vez que se produce un acontecimiento de esta magnitud», convencido de que les «va a dejar huella para toda la vida». El propósito central es que los jóvenes «se acerquen a Jesucristo y puedan luego transmitir la experiencia, es un momento de comunión». Ha resaltado la masiva afluencia: «Son miles de jóvenes los que están llegando sin acreditación y van a participar de lo que vamos a vivir esta tarde». La juventud española, según Tinajero, quiere expresar «la alegría de la juventud, una alegría que es presente y futuro, que quiere mostrar que son protagonistas y quieren expresar «aquí estamos» para mostrar a Cristo». Ha subrayado que, a pesar de sus desafíos, los jóvenes «viven con esperanza y alegría». Para atender a los aproximadamente 25.000 jóvenes (con una expectativa de superar los 30.000 el fin de semana), se cuenta con 500 voluntarios, incluyendo un grupo dedicado a la liturgia, el coro y la orquesta. En el altar, una imagen de Santa Teresa de Jesús, patrona de la pastoral juvenil, recordará a quienes no pudieron asistir.
Testimonios de fe
La rueda de prensa ha contado con el testimonio de dos jóvenes que encarnan el espíritu de esta peregrinación. Alberto Naranjo, de 24 años y en silla de ruedas, de la diócesis de Getafe, ha expresado su gratitud a la CEE por la oportunidad. Nació con una discapacidad física que, en su familia de fe, «nunca se ha visto como una limitación, sino como un instrumento para llegar al cielo». Tras participar en numerosas peregrinaciones, ha sentido siempre «mucho que la Iglesia acoge y ayuda». Para Alberto, este Jubileo es especialmente significativo porque ha podido vivirlo «con la gente que quiero», refiriéndose a un grupo que ha formado en Griñón. A pesar de las dificultades de Roma para una silla de ruedas, ha afirmado que «vivir el camino ha sido espectacular» y le ha permitido ver que «siempre va a haber gente que me va a ayudar en la vida, mi familia, gente de mi parroquia». Ha compartido también una reflexión: «Yo siempre quiero hacerlo todo solo, mi cruz es visible, pero hay gente que viene con unas heridas en el corazón que no se ven tanto, me ayuda mucho a enfocarme».
Antonio Garrido, de Sevilla, se bautizó hace solo dos años, su vida fue «totalmente atea hasta los 19». Fue la lectura de Filosofía lo que le llevó a plantearse la existencia de Dios. Aunque inicialmente llegó «sin fe», una catequista supo «transmitirle la fe». Ha señalado que Dios «me fue ablandando el corazón para que me encontrara con Él y di el paso de bautizarme, comulgar y confirmarme, los tres sacramentos el mismo día». Esta es su primera peregrinación, y se muestra «muy contento de estar aquí, con jóvenes con mucha fe, me está ayudando mucho a profundizar en el misterio de Dios».
Unidad, paz y vocaciones: los frutos esperados
Mons. Argüello ha subrayado que el papa León XIV tiene como gran prioridad el «anuncio del Evangelio», algo concordante con el papa Francisco. De este encuentro, el presidente de la CEE espera dos frutos clave: «la unidad y la edificación de la paz». Consciente de la «situación polarizada, con muchas dificultades para la convivencia», confía en que la Iglesia sea «una tienda de encuentro». Ha destacado la importancia que los jóvenes están dando al sacramento de la Reconciliación, pues «sin perdón no hay paz». El grito del papa León, «queremos la paz», pide a los cristianos «ser instrumentos de la paz del Señor».
Raúl Tinajero ha añadido que todo evento de esta magnitud tiene un «antes y un después», con un intenso trabajo preparatorio. El «reto es crear esos espacios, esa experiencia de Iglesia para que ellos luego puedan continuar con su experiencia de fe».
Alberto Naranjo ha valorado cómo esta experiencia le ayuda a «ver la globalidad de la Iglesia», a darse cuenta de que «somos un montón, que no estamos tan solos como parece». Antonio Garrido, por su parte, ha destacado que estas jornadas «nos ayudan a confraternidad y a conocer a gente de otros países, aprender qué es la Iglesia universal».
Arturo Ros ha concluido resaltando que el lenguaje de la Iglesia «es el lenguaje del Evangelio, es presente, pasado y futuro». Aunque a veces se sientan «con cierta impotencia con tantas cosas nuevas que aparecen que nos sobrepasan», la Iglesia, como madre, «acoge, acompaña, escucha, está pendiente», facilitando una «relación directa, libre con nuestros jóvenes». El objetivo es que se sientan «queridos, respetados, valorados y animándoles a que encuentren la Verdad desde la libertad, en ese lenguaje nos entendemos».
Finalmente, Raúl Tinajero ha remarcado el trabajo en comunión de todas las realidades eclesiales (más de 20 movimientos, todas las diócesis, cien congregaciones religiosas) en la organización de este evento. Los frutos esperados son propiciar el «encuentro personal de cada joven con Cristo», que «se sientan Iglesia, que la Iglesia les necesita», y recoger inquietudes para el futuro. Un reto crucial es el «tema vocacional», ya que estos encuentros propician que los jóvenes se planteen «para quién soy yo». Aunque sin estadísticas exactas, ha afirmado que «de estos encuentros han surgido muchas vocaciones».
Alberto y Antonio, con humildad, han señalado que venían sin grandes expectativas, dispuestos a «dejarme sorprender por el Señor, que haga en mi vida lo que quiera» y a «conocer cómo se vive la fe en comunidad». El Jubileo de los Jóvenes se perfila así como un catalizador de fe, esperanza y vocación para las nuevas generaciones de la Iglesia.








